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Alfonso Armada.   | // FDV

Elon Musk y el sueño de Tesla

Nikola Tesla soñó que su madre había muerto. Cuando se despertó supo que su madre acababa de morir. Este ingeniero de origen serbio que trabajó para Edison no ha tenido tanto reconocimiento como merecen algunas de sus aportaciones a uno de nuestros lados luminosos: el diseño del suministro de electricidad de corriente alterna, entre otros grandes logros.

Elon Musk, como si fuera un epígono del gran Tesla, cofundó y es vértice de la empresa que se apropió del apellido Tesla para su venturosa línea de vehículos eléctricos, además de artífice de Starlink (la atmósfera y su mapeo vía satélite, crucial para la inteligencia y estrategia del Ejército ucraniano), Neuralink (exploraciones de la mente humana), SpaceX (viajes al espacio), The Boring Company (infraestructuras materiales e inmateriales)… Este empresario sudafricanocanadiense nacionalizado estadounidense amenazó con resquebrajar Twitter antes de entrar en la casa de cristal del pájaro azul. Y amenaza con seguir resquebrajándola después de irrumpir en la casa de cristal en la que (conviene no olvidarlo) uno de sus nuevos inversores es la Kingdom Holding Company de Arabia Saudí.

Lo primero que hizo Musk fue crear un war room, un cuarto de operaciones para que su Estado Mayor, con él como gran mariscal de las tropas digitales, decida cómo librar la guerra en el territorio de la realidad virtual, que tantos estragos causa en la realidad real. Musk se encerró en esa sala de guerra en el cuartel general de Twitter en San Francisco y empezó a reducir regimientos enteros de su infantería digital, entre ellos quienes vigilaban la operatividad de la inteligencia artificial ética. Se cifra en 3.500 el número de empleados que han salido de la firma después de que el todavía hombre más rico del mundo se hiciera con ella (incluso después de haber pagado una desorbitada cifra por hacerse con uno de los lugares más interesantes de internet por 44.000 millones de dólares). Desde que Musk se hizo cargo de la compañía la caída de beneficios de Twitter ha sido semejante al desplome de un diplodocus reconstruido hasta el último metacarpo. Sin embargo, hay quien piensa que Musk puede llegar a ser no quien liquide la empresa (lleva años perdiendo dinero: 1.400 millones en 2020, 221 en 2021) sino quien la salve.

El gran debate que ahora se plantea (y Marta Peirano lo pone en relación con el que desató el dueño de Amazon, Jeff Bezos, cuando compró el Washington Post: ha sido bueno para el diario y para la libertad de prensa) es si la llegada de Musk a Twitter será buena para la democracia o todo lo contrario. Como decía Marietje Schaake, directora del Centro sobre Política Cibernética en la Universidad de Stanford, “Twitter es un club privado que ha usado su libertad para desarrollar reglas contra el acoso, la violencia o la promoción del suicidio”. Fueron esas reglas las que llevaron a suspender la cuenta de Donald Trump por violarlas. ¿Fue una buena decisión? La libertad de expresión no es un bien absoluto, pero…

Aunque nada ha cambiado (todavía) en la política de control y moderación del contenido (para que el discurso del odio no se acentúe), anunciantes como General Motors, Mondelez, Carlsberg, Volkswagen o General Mills han presionado el botón de pausa en su publicidad tuitera mientras el nuevo hombre fuerte ha decidido sacar a la firma de la bolsa de valores. Una bolsa que no funciona con preceptos éticos sino cuantitativos.

Hay quien piensa que la estrategia de fondo de Musk (como la del padre de Facebook) es crear X, la aplicación para todo, en la que se entrelacen todas las plataformas que ya posee en un universo interactivo capaz de atender buena parte de nuestras necesidades en este mundo y en el espacio exterior. Simon Kuper, uno de los más lúcidos analistas del Financial Times, escribió antes de que Musk comprara la red social (en la que llevo desde mayo de 2009): “Twitter es el mejor espacio global de intercambio de información e ideas. Y además es muy divertido”, y que lo que ocurre en Twitter desborda sus lindes porque muchos periodistas están prestando atención. Espero que siga siendo valioso, y que la llegada de Elon Musk no acabe llevándome al silencio, como hice con Facebook. Aunque a nadie le importe. Ojalá el sueño de Musk no sea como el sueño de Tesla.

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