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José María de Loma

Turrón del duro

Entre que llega o no la crisis infernal e invernal que nos tienen prometida, habrá que ir eligiendo los menús de Navidad para la cena de empresa.

–Oiga, que soy autónomo.

Los restaurantes e incluso los locales que por servir comida tienen pretensiones de serlo van elaborando sus ofertas y acondicionando el local, adornándolo y tratándonos de seducir con jamón al centro, solomillo al vino de Jerez y alfajores. También los amigos, incluso los que sí se pueden ni ver, hacen planes para almorzar o cenar en diciembre, “habrá que reservar pronto”, dice el espabilado del grupo whatsapero. “Decidíos pronto, que yo tengo muchos compromisos”, añade el híper ocupado con el que nadie había contado. Las ciudades ya mismito cambiarán su paisaje vespertino y se verán grupetes de oficinistas, notarios, arquitectos, estudiantes, funcionarios o astronautas dándose al tardeo, el gin a la hora de la pronta anochecida. El titular de “Los hosteleros alertan de un menor número de reservas para las comidas de Navidad” está a punto de nacer o está siendo escrito ahora por alguna joven redactora o prometedor becario. No se descarta tampoco que dicho titular pudiera ser “Los hosteleros prevén una avalancha de reservas esta Navidad”.

Hay quien lleva dentro un recuerdo triste de la Navidad y quien lo que lleva son cincuenta euros en el bolsillo para poder ir de cachondeo gastro-etílico con los amigachos. Pérez y Lola aún se acuerdan de cómo perdieron los papeles, y la ropa interior, en un bar al que toda la oficina llegó ya calentita y pidiendo chupitos. En estos momentos hay un jefe de negociado negociando con un restaurante que a ver si pueden ser tres croquetas por cabeza y no dos y a ver si el vino pudiera ser un poco mejor que el del año pasado. Antes al vino había quien le echaba gaseosa, pero ahora le han echado inflación y hasta por un discreto Ribera te quieren soplar 55 euros. Las cartas de los vinos se están convirtiendo en una lectura prohibida, lectura de alto riesgo. Algunos vinos podrían venderlos en las joyerías y a algunos sumilleres, en la plaza pública.

Si va el jefe yo no voy, que luego se pone pesado en el discurso y no para de hablar de Pablo Coelho y de la necesaria mejora de la productividad y las ventas. El whisky de importación se paga aparte, caballero. Este año por variar os voy a llevar a un sitio que me ha recomendado mi cuñado. Como pasa el tiempo, ya mismo Semana Santa. Ahí viene otra vez Gutiérrez con la Lotería de Navidad. Todos los años las mismas cantinelas. Aunque este año hay profecías nuevas: que dicen que vienen tiempos malos. Y turrón del duro.

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