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Olga Merino

La espiral de la libreta

Olga Merino

Pablo Iglesias, ¿‘mansplaining’ o autodestrucción?

El neologismo del título parte de una combinación de las palabras inglesas man (hombre) y explain (explicar). Se infiltró en el lenguaje urbanita después de que Rebecca Solnit publicara un artículo en 2008 titulado Men explain things to me (Los hombres me explican cosas), donde desgranaba una anécdota sucedida tiempo atrás, en el verano de 2003. La autora norteamericana se encontraba con una amiga en una fiesta, en un casoplón en Aspen (Colorado), cuando el anfitrión de la velada, rico, bastante mayor que ella, la abordó: “Así que has escrito un par de libros…”. La ensayista comenzó a hablarle del último título —llevaba varios publicados—, pero el interlocutor la interrumpió enseguida: “Pues no sé si habrás oído hablar de una obra muy importante sobre la materia que ha salido este año, bla bla bla”. Gran chasco: el caballero le estaba hablando a Solnit de su libro sin saberlo.

El término mansplaining, pues, pasó a reflejar esas situaciones en las que alguien explica y explica sin tener en cuenta el hecho de que la otra persona, la escuchante, sabe tanto o más sobre el asunto que el emisor de la lección. Puede que los hombres se inclinen más hacia este hábito condescendiente y paternalista, a veces inadvertidamente, pero no son mayoría, y también existen mujeres que frecuentan la práctica. En cualquier caso, no se trata de un concepto inventado por el feminismo radical. Sucede.

El domingo, se me pasó por la cabeza, como un pájaro negro y fugaz, la posibilidad de que Pablo Iglesias hubiera estado ejercitándose en el mansplaining en la clausura de la Universidad de Otoño, el foro de reflexión anual de Podemos, cuando advirtió: “¡Ay de aquel o aquella que se atreva a faltarle el respeto a la militancia!”. ¿Acaso le estaba explicando a Yolanda Díaz cómo hay que hacer las cosas? ¿Cómo debe ser la confluencia con Sumar? Desde luego, sobraron los adjetivos “estúpido” e “ingenuo” en la exposición de sus razones sobre el proyecto de la vicepresidenta segunda, pero prefiero pensar que no, que Iglesias no estaba impartiendo catequesis desde el púlpito del macho alfa. No, no puede ser: el exsecretario general de la formación morada se marchó (sin acabar de irse), dejando en el cargo a una mujer. Una señora que no se deja tutelar.

Pugna electoral

No habrá mansplaining, pero subyace un factor aún más preocupante: la lucha fratricida y despiadada, como sucedió con Errejón, el tradicional cainismo y el riesgo de convertir la izquierda del PSOE en una sopa de letras, en un aguachirle incomible. ¿Pero no había superado Podemos la verticalidad jerárquica de los partidos tradicionales? Desde la distancia, Feijóo observa el rifirrafe con una mano en la cintura.

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