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Juan Gaitán

Palabras para el miedo

No recuerdo la primera vez que tuve miedo. Quizás he, quizás hemos, tenido miedo siempre y el ser humano, además de “un animal inconsolable”, como lo definió Saramago (que en estos días hubiera cumplido cien años), sea también un animal asustado, conceptos que pueden ser perfectamente complementarios: un animal asustado e inconsolable.

El miedo, dicen los expertos, es un método de protección, pero también un modo de control afirmo yo. Nos da tanto miedo todo que la palabra del año, según el prestigioso diccionario Collins, es “permacrisis”, término que viene a determinar “un periodo prolongado de inestabilidad e inseguridad”, y que al parecer es el que estamos viviendo sin que sea fácil prever cuándo va a terminar, si es que alguna vez termina.

Seguramente tiene razón el diccionario y sea esa la divisa de este tiempo. Por todas partes se extiende el miedo A la recesión, a la guerra, a la escasez… Quizás a alguien le convenga esto.

Como ya dije, no recuerdo la primera vez que tuve miedo, pero sé que no siempre fue así. Que tuve una niñez que corrió libre por varias orillas, una juventud luminosa y reída y una vocación constantemente perseguida, desde el principio, sin desfallecimiento. Y si alguna vez temía algo, en aquellos años, fue a perder lo logrado.

Y de pronto un día ese miedo fue sustituido por otro mucho más hondo. Ya no temo quedarme sin trabajo, o que mis colegas no me reconozcan como tal, ser señalado como el impostor que soy, que siempre fui. Ya no ansío el premio ni el homenaje ni me da miedo el vacío del olvido. De pronto, ahora, solo temo que un día me ponga malo y que sea muy malo.

Será que he mirado por fin a los lados y no adelante. Al lado y atrás, a los que ya se fueron. A Miguel Ángel, quizás el primero, y luego tantos… Jose y Fernandito y Berro y hace nada Cuenca y los varios Manolos que llevo en el alma. Y es ahí, sí, donde tengo mucho miedo. Y no encuentro palabras para ese miedo ni en el Collins ni en ningún sitio, solo la boca seca, los pies helados y la sensación de que es incurable. Es ese temor al dolor físico, a la incapacidad, al quedar desahuciado y con los días contados. Todo lo demás, ahora, ya, me suena lejano, absurdo, y he comprendido por fin aquello que a veces me decía uno de aquellos Manolos, que el miedo es siempre peor que lo temido.

Nunca he sido precisamente un “Juan sin Miedo”, pero voy a desoír las voces del Diccionario Collins. “Permacrisis” es una palabra feísima que solo da miedo por lo fea que es. Lo que habrá de venir, sea lo que sea, tendrá su luz, como cada futuro cuando hay futuro, como cada mañana cuando hay mañana. Lo demás ya se verá.

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