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Agustí Sala

Atracción inversora

Recuerdo aquel discurso que pronunció Joan Laporta en su anterior presidencia del FC Barcelona: “¡Que no estamos tan mal, hombre!”, dijo. Los últimos anuncios de compañías extranjeras que apuestan por invertir en España reflejan un atractivo como país que aleja la imagen más negra que difunden los más críticos y los profetas del apocalipsis, que diría la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. No es de extrañar que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se haya venido arriba. Es mucho mejor anunciar inversiones millonarias que cierres como los de Nissan. La apuesta más reciente por el país es la de Cisco Sytems, que establecerá en Barcelona su primer centro de diseño de chips (semiconductores) en la UE, con lo que el país se integra en la cadena de suministros de una de las industrias con mayor potencial. Un motor para esta iniciativa, como ya lo fue para Intel, es el Perte de 12.000 millones puesto en marcha por el Gobierno, el más voluminoso de todos.

Pero además hay que sumar la decisión de Volkswagen-Seat de construir su gigafactoría de baterías en Sagunt (Valencia) y los proyectos de electrificación que catapultarán la planta de Martorell. Y ello a pesar de una dotación rácana del Perte que han logrado salvar las aportaciones adicionales anunciadas por la Generalitat catalana y valenciana. Perder estas inversiones hubiera sido una catástrofe.

También hay que sumar la inversión de 10.000 millones hasta 2030 por parte Maersk, el gigante danés del transporte marítimo, que beneficiará a Andalucía y Galicia, para producir metanol verde para su propio consumo. Un proyecto en el que podría participar el Estado. Estos ejemplos —hay más— y, si además el Gobierno se pone las pilas para que los Perte con los fondos europeos funcionen como deberían, pueden ser una gran oportunidad para sortear una recesión o al menos, evitar que sea más profunda.

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