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Pilar Ruiz Costa

Escopetas de feria

Las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos no han resultado la gran ola republicana que arrasaría a los demócratas según pronosticaron las encuestas. Erraron cuando vaticinaron una clara victoria de Hillary Clinton sobre el histriónico Donald Trump; fallaron estrepitosamente cuando anunciaron que ganarían los remain del Brexit con 10 puntos sobre el leave. ¿Otro ejemplo más de “se equivocó la encuesta, se equivocaba”? No. Es que los votantes, por fortuna, tenemos la última palabra. Pero también somos, caramba, muy dados a mezclar y confundimos alegremente las encuestas con la estadística. ¡Que me perdonen los expertos en demoscopia por el ejemplo! pero la estadística dice que el tamaño medio del pene en España es de 13,85 centímetros. Si en vez de medir preguntamos solo entre los varones probablemente no baje de 25 y solo entre las ex de estos mismos hombres quizá ni llegue a 7. Y eso, serían encuestas.

Pero, ¿para qué sirven las encuestas si no predicen el futuro? Para analizar el presente de ese objeto de deseo que llamamos “opinión pública”. Esto más o menos —y sin nombrar los penes, todo un caballero— o sobre la influencia que tienen los medios lo analizó en profundidad el dos veces ganador del Pulitzer, Walter Lippmann, en su obra Opinión pública donde discernía entre noticias y verdad. Noticia sería que tal político ha dicho tal cosa; verdad sería desmontar lo dicho para mostrar los hechos y por desgracia el día a día de los medios sujetos a condensación y prisas va mucho más sobrado de noticias que de verdad y en este caldo de cultivo se nos insta constantemente a que nos formemos una opinión ¡ahora! ¡ya! sobre cuestiones que ni vivimos directamente ni conocemos debidamente y que nos llegan a los ciudadanos desde el filtro de las informaciones que los medios publican sobre ellas; casi siempre noticiosas; alguna vez, verdad. Parafraseando al filósofo hindú Jiddu Krishnamurti, “no vemos las cosas como son, sino como somos nosotros” que, pasando del mundo espiritual al político y según la hipótesis de Lippmann sería: “No percibimos el mundo como es, sino como nos lo cuentan”. Y aquí, amigos, para construirnos un mundo como un traje a medida —vaya a saber de quién— ¡qué útiles son las encuestas…!

La evidencia está en la cantidad de tiempo y dinero invertidos en hacer esa pregunta trascendental que cada uno de nosotros se hace al levantarse cada mañana —es sarcasmo—: “De haber hoy elecciones, ¿a qué candidato votaría?”, cuando a muchos votar cada cuatro años ya nos cuesta. Y como si la vida fuera aquello que te sucede mientras estás ocupado leyendo el último barómetro de intención de voto, a saber si por insolvencia o mala fe —discúlpeme, Sr. Sánchez, pero el CIS lo pone a huevo—, el mundo y sus intenciones es tan distinto como el tamaño de un pene según si el encuestado es su propietario o alguna de sus ex.

El CIS —Centro de Investigaciones Sociológicas— en su reciente macroencuesta da una holgada mayoría al PSOE; un 32,9% de votos frente a un 29,5 para el PP. Los hinchas del PP mejor que lean la encuesta de NC Report para La Razón donde las tornas se vuelcan con 34,1 puntos para el PP y tan solo 24 para el PSOE. Los incondicionales de Podemos que se alejen de La Razón donde solo les auguran 9,7 puntos y lean El Confidencial donde IMOP Insights les pronostica 11,6. Los afiliados de Vox seguro que están también afiliados a la Okencuesta de Ok Diario encargada a Data 10 donde lucen un 16,4 muy alejado del 9,3 que les otorga el CIS. Y los resilientes Ciudadanos apaguen La Sexta donde con los datos del Instituto Invymark apenas rascan un 0,8 y mejor tomen su café leyendo los 2,4 vaticinados por Sociométrica para El Español. (Datos del portal de estudios sociológicos y demoscópicos Electocracia).

Y así es como vaticino que un alto porcentaje de estas encuestas no se llevará ni el reintegro.

Pero, ¿para qué sirven las encuestas si no predicen el futuro y cuantas más hay, más desdibujan el presente? Para construir página a página, encuesta a encuesta, la opinión pública y para delatar a quienes observan codiciosos por si toca recular, cambiar el foco, el verbo o al candidato no al servicio de los intereses presentes de los ciudadanos sino los futuros de su partido.

Porque esto que muestran con más mala fe que insolvencia no es “la foto de la opinión del país”, sino la portada que muchos ansían. Con la apariencia de estudio demoscópico riguroso lo que es propaganda; oro parece, plátano es, muestras insuficientes, sesgadas, con información tergiversada y acompañadas a las maracas por unos gráficos de colores donde un 7 es casi casi un 25 por si el ruido de las nueces va y resulta en una profecía autocumplida.

Y si no, tras el gatillazo llegarán las legiones de capitanes a posteriori a vendernos que las encuestas fallan como escopetas de feria. Habrá que recordarles que no es cierto; las escopetas de feria si fallan… es que están amañadas.

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