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Rosa Paz

Ayuso ante el espejo

A Isabel Díaz Ayuso le salió bien, electoralmente hablando, su apuesta dicotómica entre “comunismo y libertad”. El comunismo para ella es la doctrina que profesa toda persona que se atreve a criticar sus políticas y la libertad es la que dio a la hostelería para abrir casi sin límite mientras en el resto de España, incluidas las comunidades gobernadas por sus correligionarios, se restringían aforos, horarios y demás. Es evidente que muchos votantes, no solo de la derecha tradicional, vieron en su discurso trumpista una alternativa a las limitaciones que imponía el Gobierno de Sánchez por la pandemia. No hay que olvidar que en los puentes de otoño de 2020 fue Moncloa la que, ante la insumisión de Ayuso, acabó decretando el cierre perimetral de Madrid. “A punta de pistola”, dijo ella.

Ahora, cuando los sanitarios, que se dejaron la piel en la pandemia, se quejan del maltrato que reciben de la Comunidad de Madrid por la falta de personal y de medios, los traslados forzosos, la improvisación y el caos, y la ciudadanía ya no puede contener la indignación por el mal funcionamiento de la atención primaria y las urgencias extrahospitalarias, Ayuso vuelve a su discurso recurrente. Quienes se manifestaron el domingo, cientos de miles de personas, no lo hicieron en defensa de la sanidad pública, dice, lo hicieron por una operación de la izquierda/ultraizquierda, que boicotea la sanidad para desacreditar su gestión.

En esta ocasión, no obstante, su empeño en negar la realidad se da de bruces con la situación que viven día a día los madrileños con el colapso de la asistencia primaria, las urgencias y los larguísimos retrasos en las citas con especialistas. El PP de Madrid favorece el negocio de la sanidad privada, la solución más rápida para quien pueda pagarla, mientras condena a la inanición a la pública. Lo dicen los datos: siendo Madrid la comunidad con más renta per cápita de España es la que menos invierte por habitante en la sanidad pública. Y la ciudadanía lo sabe, por más que Ayuso trate de enredarla con su engañoso discurso.

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