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Pedro de Silva.

Ahora echarán la culpa al empedrado

La globalización, un vector de fuga del capitalismo al servicio de sus intereses, nació hemipléjica. Se globalizaron los capitales (que desde el minuto 1 corretearon por el mundo), las redes tecnológicas, el comercio mundial y la división internacional del trabajo, pero no el control de las reglas de juego de la economía, los derechos humanos y sociales, la defensa del medio ambiente o el mercado laboral, que siguió en sus corralitos, con los sindicatos con el pie cambiado. La “guerra híbrida” es ahora la cruel resaca de aquella marea insensata. Se confinan los capitales enemigos, se usan las redes contra el adversario, se chantajea con el comercio de energía o materias primas y hace crisis la disponibilidad de los componentes. La “guerra híbrida” golpea bajo la cintura los puntos débiles de una globalización sin tino, cuyos mentores seguirán pontificando como si no fuera con ellos.

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