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José María de Loma

Huevos con ‘bacon’

Hay una foto de Reuters en la que se ve, de madrugada en Bali, a Biden y al presidente polaco conversando. Biden lleva unos vaqueros claros y una camiseta. Uno está en un sofá y el otro en una silla que ha colocado cerca para hablar mejor. El informalismo es total. Dos hombres que tienen aspecto de estar esperando que se abra el bufé del desayuno para pasar luego el día zascandileando en la piscina, resultan ser dos jefes de Estado comentando que han caído dos pepinazos en Polonia. Que si son los rusos o que si no. El mundo en vilo. O durmiendo. Yo estaba en el sofá, que es el mejor sitio para estar cuando va a estallar una conflagración mundial. Me enteré por Twitter a avanzada hora. Dos misiles, o dos trozos de misiles, dos muertos, territorio polaco. Que si la OTAN debe responder y tal. Lo bueno de esta era de la información y las redes es que mueves el pulgar un poco y tienes en la pantalla un sesudo análisis geoestratégico y a continuación un chiste sobre los magreos que Biden gusta meter. Un meme y una columna de opinión, una opinión apocalíptica y otra optimista. No llegó la sangre al río pero sí los misiles a Polonia. Rusia lo niega todo y la cosa no pasa de incidente. El mundo respira. Los que no respiran son los dos cadáveres polacos, que hoy ya serán ceniza o carne putrefacta en la tierra. Quiénes serán sus hijos, madres, hermanos, amigos, conocidos. Dos muertos, una pequeña estadística, unas víctimas colaterales. Una mierda. Vida perdidas para nadie y por nadie. No estoy descubriendo el horror de la guerra, de sobra conocido. Sí el siniestro lado del azar, de la suerte, de la muerte, de las balas perdidas, de estar en el sitio inoportuno. Biden emitió un comunicado de madrugada. Los hombres convencionales emiten ventosidades de madrugada. O ronquidos. Los jefes de Estado, comunicados. Luego se iría a dormir. Los prohombres también duermen aunque a veces nos quiten el sueño. A Biden le da pereza la guerra, que no, que no pasa nada, que no han sido los rusos. Bendita pereza. Tal vez al despertar pidiera huevos con bacon.

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