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Tino Pertierra.

solo será un minuto

Tino Pertierra

El mando toma el mando

Llega un momento en la vida de algunos teleconsumidores en el que el mando pasa a tomar el mando. Se cansa de ser una herramienta al servicio del ser humano para hacerse con el control de la religión catódica e imponer su tabla de mandamientos y sus normas de estricto cumplimiento. Que hacen de la fugacidad un pecado venial. Por banal. Cuando eso ocurre es que se llega demasiado tarde para impedir que la toxina haga de las suyas: ya no importa mucho el panel de gustos porque la paciencia se ha desligado de la voluntad y la vista pasa de una serie a otra sin posarse en ninguna demasiado tiempo, la atención se fragmenta y se jibariza porque la mente ha perdido la capacidad para atraer y retener. Es el marchamo tiktok: cuanto más cortito, mejor. Así, es fácil que durante un trecho audiovisual se pueda transitar por espacios distintos y distantes para terminar fraguando una extraña y estrafalaria mezcla de géneros, formatos y estéticas. Se puede empezar viendo a Risto Mejide avinagrado mientras le suelta un “no” a un concursante molón y al llegar los anuncios existe la posibilidad de ver un cacho de una ¿película? repetida sin tregua (una de esas en las que un matón libera la Casa Blanca, o Pretty woman hasta el infinito y más allá), antes de echar un vistazo a alguna tertulia barriobajera o visitar series sensibleras con gente guapetona e histerias de amor plastificado. Alguna vez, por casualidad y por somera cuestión estadística, surge un resplandor inesperado de calidad, pero a estas alturas de la película el mando mandón no está dispuesto a tolerar esos ritmos tan lentos del cine clásico, ni entrevistas inteligentes, ni documentales profundos ni... ¿Cómo comprobar si aún se puede controlar el mando? Elegir. Dejar al tirano en otra habitación. Sentarse. Y ver qué pasa.

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