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José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Calidad óptima del semen gallego

A las preocupantes noticias sobre la evolución del clima (aumento de la temperatura global, deshielo de los polos, extinción de las especies, subida del nivel del mar, incendios incontrolados, sequías prolongadas, etc., etc.) se ha sumado ahora el descenso de la calidad del esperma humano. Una tendencia que ya se conocía, pero que ahora los estudios realizados por científicos han confirmado.

Según lo que publica la revista Human Reproduction Update, el número de espermatozoides ha pasado de 101 millones por cada mililitro en el año 1973 a 49 millones en la actualidad. Y lo que es más alarmante, el ritmo de descenso se ha acelerado desde el año 2000 situándose en un preocupante 1,90% anual, lo que nos situaría en el umbral de la infertilidad. Únanse a ello los hábitos de vida, la alimentación, el aire viciado de las ciudades y la exposición a contaminantes químicos, desde la formación del feto, para dibujar un porvenir sombrío para la especie humana. Una especie con un futuro problemático por el envejecimiento de la población y la reducción del número de hijos que puede sostener cada pareja.

En la nación más populosa del mundo, la República Popular China, se prohibió tener más de un hijo por las autoridades comunistas. La medida, muy polémica, intentaba armonizar, limitándolo, el crecimiento poblacional con el creciente consumismo de una amplísima clase media. Pero también provocó efectos indeseados al optar, mayoritariamente, los matrimonios por los hijos varones y en menor medida por las hembras, con el consiguiente aumento de prácticas abortivas clandestinas y otros medios de control de la natalidad. La circunstancia de coincidir el lamentable final de la Cumbre del Clima en Egipto (incapaz de ordenar un apoyo contundente a las perentorias medidas para limitar el calentamiento global, con los efectos de la sobrepoblación de 8.000 millones de habitantes) y los no menos amenazantes datos sobre el decaimiento del número de espermatozoides por cada eyaculación, han hecho sonar todas las alarmas. En un país de “onanistas furiosos” (que diría el maestro Josep Pla) despreciar ese auténtico licor de vida, es un desperdicio imperdonable. La abundancia de semen en cada eyaculación era considerada como una prueba segura de virilidad. En las novelas del escritor norteamericano Henry Miller se describen con todo lujo de detalles las emisiones de semen de los protagonistas, lo que vulgarmente se conocía como “corridas” . Y el también escritor Vicente Blasco Ibáñez, con ese sensual estilo de los literatos levantinos, hizo una versión de Las Mil y Una Noches en la que una mujer del harén informaba a otra sobre la potencia de un pretendiente solo con examinar las huellas de la orina y del semen sobre la arena del desierto donde habían levantado las tiendas de campaña.

En España, no agotaremos la discusión sobre esta clase de asuntos sin mencionar a otro escritor gallego, Camilo José Cela, que tenía querencia a esta clase de asuntos. Es conocido su opúsculo sobre “El Cipote de Archidona”, un sujeto que acaba embadurnando de líquido seminal a gran parte de los asistentes a un espectáculo celebrado en una sala de cine.

Por cierto que, según los estudios científicos, el semen de los gallegos es el de más calidad.

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