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Pronósticos

Hace más de 20 años tuve una perra que demostró una clara preferencia por la poesía venezolana. No toda la poesía. Le gustaba en especial la obra de cierto poeta a quien yo había descubierto en Caracas en un viaje reciente y cuyas primeras ediciones, cuidadosamente dedicadas por el autor, traje en mi equipaje de vuelta. Y he aquí lo curioso: había otros libros en el anaquel, muchos más en la estantería, pero mi perra royó los siete que tenía del mismo autor, con destructiva voracidad. Los dejó hechos tal piltrafa que tuve que llevarlos a un restaurador para que los reparara, aunque no quedaron como antes, claro, y aún conservan las marcas de sus dientes, afilados y diminutos. Fue el único caso de voracidad canina y literaria que he conocido. Aunque puede que fuera un augurio. El poeta era Rafael Cadenas, el reciente premio Cervantes. Tal vez mi perra intentaba decirme algo. Recuerden al pulpo Paul pronosticando resultados en el Mundial de Sudáfrica. Si mi perra viviera, tal vez se haría famosa pronosticando quiénes serán los futuros Cervantes, o los premios Nobel del año que viene.

Hablando de pronósticos. Hace poco he sabido la fecha exacta de mi muerte. Es fácil: una web se encarga de calcularla por ti. Espero que acierte, porque me salió un año bastante lejano. Antes del resultado, hay que responder a un sencillo cuestionario de diez preguntas. Luego esperas unos segundos mientras una rueda da vueltas y aparece una fecha con día, mes y año. Me pareció oportuna. Quiero decir, no me desagradó en absoluto. La verdad, hubiera preferido un método más artesano, como el de mi perrita Raf o como el del pulpo Paul. Pero supongo que los tiempos cambian y que estamos en manos de algoritmos. Me dicen que de los pronósticos del Mundial de Catar se encarga una inteligencia artificial salida de los amplios dominios de Elon Musk. Que ha augurado que el Mundial lo ganará Brasil. Y que si se le pregunta al detalle responde: “Es difícil de predecir”. Ya ni el algoritmo se atreve con nuestro futuro.

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