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Tino Pertierra.

Solo será un minuto

Tino Pertierra

Te están engañando

Cuidado con las personas que están casi siempre riéndose, de broma, de buen humor. Siempre haciendo gracias. Siempre buscando arrancar una sonrisa a los demás, ya sea con ocurrencias brillantes e ingeniosas, o tontorronas y poco meditadas. Cuidado con ellas porque puede darse el caso de que tras esa apariencia risueña y bonachona se esconda, en realidad, un dolor o una pesadumbre que se resisten a perder sus dominios. Personas que necesitan para no derrumbarse levantar unos andamios que ayudan a olvidarse de las penas que nunca dejan pasar la ocasión de reabrir heridas vendadas pero sin curar. Recuerdo una maravillosa película, Ha nacido una estrella, en la que Judy Garland hace de tripas corazón tras el suicidio de su marido y decide ir a una gala en el teatro para honrarle, aunque por dentro esté devastada. Pone buena cara al temporal pero cuando entra en el teatro, rodeada de fiesta y alboroto por todas partes, se encuentra con una divertida y emotiva que había hecho su marido cuando se conocieron. Y se derrumba, claro. Y apoya su cabeza en la piedra pintarrajeada de dolor que un día fue rastro de felicidad. Luego se repone y sale a escena a hacer lo que sabe hacer, el espectáculo continúa: lo que su esposo hubiera querido. Sigue adelante, no te rindas. Sonríe aunque por dentro estés hecha de ceniza y quebranto. Como ella hay mucha gente con la que nos cruzamos a diario y que no exterioriza lo que pasa en su interior, no son seres a los que veas a menudo quejándose, llorando por las esquinas, lamentando su mala suerte. No: nadie diría que sus sonrisas son sudarios de penas y derrotas, de adioses y abismos. No hay que molestarlos, no conviene cruzar sus murallas: tras ellas habitan heridas incurables pero que admiten cierto grado de adormecimiento.

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