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Ánxel Vence

Crónicas galantes

Ánxel Vence

El imperio del Black y del Halloween

Tras el éxito popular de la fiesta de Halloween y el más reciente del Black Friday, sorprende que España no haya adoptado aún como propia la tradición del Día de Acción de Gracias (que se celebra hoy, por cierto). Igual es que no hay mucho que agradecer o quizá suceda, sin más, que no somos tan dados al rezo como nuestros amigos americanos. Habrá que ponerse a ello.

Todo lo que no es tradición es plagio, decía Eugenio D’Ors. Aquí hemos tirado por la calle del medio al plagiarle casi todas sus tradiciones a los Estados Unidos. Con el poco inglés que se habla en España, no queda sino admirarse de la facilidad con la que hemos asumido el nombre original —sin traducción, ni gaitas— de esos eventos que han venido a enriquecer el acervo de costumbres hispanas.

Los más nacionalistas lamentarán quizá esta importación de hábitos norteamericanos. No hay por qué: y además sería imposible la resistencia.

Ni siquiera el general más general, generalísimo, que mandó sin límites en este país durante casi cuarenta años fue quien de parar la invasión.

A lo sumo consiguió que algunos bares, cafés, hoteles y comercios cambiasen sus nombres “extranjerizantes” por otros más nacionales. Luego se haría perdonar por los americanos, poniéndoles unas bases militares como quien pone un piso: y a partir de ahí las gentes del rancho grande tuvieron vía libre en España.

Hablaremos poco inglés, pero lo leemos a diario. En la Gran Vía de Madrid, un suponer, el 65 por ciento de los letreros y reclamos comerciales están escritos en ese idioma, aunque no goce del rango de cooficial. Lo mismo sucederá, punto arriba o abajo, en las calles más céntricas de las demás ciudades del país.

Más curioso aún es el caso de la publicidad. Años atrás, la Real Academia de la Lengua se quejaba de que 322 marcas (hoy serán muchas más) utilizasen el inglés de forma sistemática para seducir a sus clientes españoles. Se da así la paradoja de que muchos de los destinatarios del mensaje no lo entiendan, visto el bajo nivel de dominio de la lengua de Biden existente en este país.

Nada más normal. Al igual que sucedió con el latín bajo el Imperio Romano, el inglés de Norteamérica es ahora la omnipresente lingua franca del mundo, aquí y en Pekín.

La permeabilidad con la que se asumen las tradiciones americanas, que han pasado a ser las nuestras, no debiera ser motivo de aflicción. Ocurre en todas las provincias culturales de Estados Unidos y no solo en España, lo que acaso sirva de consuelo a los defensores de las esencias.

Tiempo hubo en que el actual imperio hablaba por la boca de sus cañoneras para extender la pax americana al planeta; pero ese tosco método se ha hecho ya innecesario. No es que hayan renunciado del todo a los misiles, sino que ahora les basta el cañoneo de las teleseries, de las películas de Hollywood y de su formidable poderío tecnológico para imponer sus Halloweens y sus Black Fridays. Y su idioma, por supuesto.

La única anomalía, en realidad, reside en que no haya prendido todavía en España el Thanksgiving Day, que tal día como hoy permitiría ensanchar el negocio de los criadores de pavos. Démosle tiempo al tiempo.

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