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Ana Bernal Triviño

El negacionismo se frota las manos

El negacionismo lleva días muy contento tras lo ocurrido con la ley del solo sí es sí. Se frotaba las manos a cada revisión de penas. Es su munición real frente aquellos titulares inventados sobre que había que firmar un contrato sexual o que la ley afectaba a la presunción de inocencia del hombre. Lo mismo ocurrió y ocurre con la ley de violencia de género. Desde el año 2004 no solo pasó por el Tribunal Constitucional (que la avaló) sino que aún manipulan su base jurídica. Con la ultraderecha ya organizada, tuvieron el apoyo para pedir su derogación.

El machismo coge palomitas con la ley del solo sí es sí, sin importarle las víctimas, aunque no pierde tiempo en instrumentalizarlas. Se apuntan esta grieta como una victoria. Avanzan con más rapidez. Ya partían de una buena posición de salida. El machismo está más organizado que el feminismo. Llevan siglos de adelanto y sus diferencias nunca suponen enfrentamientos. Van unidos, a pesar de sus discrepancias, para ir contra las mujeres.

El supremacismo masculino crece con la sociedad civil o asociativa y partidos políticos. En España tomaron como inspiración a las organizaciones del movimiento de los derechos del hombre en EEUU, en los años 70. Las redes sociales amplían sus discursos, cuyos ecos ya están aquí, en Twitter, Forocoches y más. Entre ellos, los incels, los “célibes involuntarios” por nuestra culpa. No son un grupo de pirados, están convencidos y están detrás de atentados como el atropello masivo en el centro de Toronto mientras veneran a su líder, Elliot Rodger, quien mató a seis personas en California para eliminar a las “mujeres más calientes”, las que “siempre quise tener pero nunca tuve”, dijo.

Tienen su categoría de hombres, desde el omega al sigma, el superhombre. Catalogan a las mujeres como genéticamente “inferiores, manipuladoras y estúpidas” y nos deshumanizan porque “el sexo es algo que deben a los hombres”. No ocurre solo fuera. Están aquí. Carla Vall, abogada defensora de la pintora Paula Bonet, decía en una entrevista cómo el discurso de su acosador correspondía al de los incels.

También tenemos las asociaciones de hombres afectados por los derechos de las mujeres, que niegan la violencia de género y la ley del 2004 junto con equipos de abogados especializados. Invito a visitar la web de Projusticia o Stopfeminazis, que se dedican además a señalar con sus pancartas a mujeres que denuncian esa violencia a las salidas de los juzgados.

Luego están las organizaciones de lobbies antigénero, respaldadas por políticos. El movimiento antiabortista ha multiplicado por cuatro su financiación en diez años en EEUU y en otros países. Se instalan dentro de los parlamentos, como el europeo, caso de One of Us o la Agenda Europe. Aquí nos suenan Hazte Oír, Citizen Go o iniciativas educativas como es el caso del ISSEP de la sobrina de Marine Le Pen, en Lyon y en Madrid, según Felipe González Santos, de la Universidad de la City de Londres. También Abogados Cristianos que, como reconoce este investigador, denuncian a activistas de los derechos de las mujeres para amedrentar. La batalla por el relato la desarrollan con bulos, desinformación, exageraciones y su vocabulario propio. Hace días, Macarena Olona, exdirigente de Vox, anunció que liderará un lobby contra la “ideología de género”. Atención a lo que vendrá.

Todo esto aquí, a la vez que tenemos la anulación total de los derechos de las mujeres y niñas en Afganistán, derechos paralizados en plena guerra de Ucrania, Rusia sin ley de violencia de género, Turquía fuera del Convenio de Estambul, mujeres iranís frente al velo y al régimen, Polonia en plena ofensiva antiaborto, Etiopía y la violencia sexual, el aumento del tráfico de mujeres y niñas para ser explotadas en la prostitución… y miles de injusticias en el mundo que darían para mil artículos. Que todo suceda a la vez no es coincidencia. Este negacionismo es el resultado de una estructura financiada, organizada y respaldada civil y políticamente, para cuestionar y eliminar derechos. Es más 25-N que nunca porque la violencia no cesa. Nos matan, nos violan y nos amenazan. Hay que blindar derechos. No podemos cometer ni un error. La violencia y la reacción aumenta. Tengamos claro que ahora, con más fuerza, vienen a por nosotras. Ojalá la sociedad esté a la altura.

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