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Olga Merino

La espiral de la libreta

Olga Merino

La “leña al moro” antes de los penaltis

Mientras los jugadores de la Roja saltaban al césped en Catar, mucho antes del batacazo, empezaba a cebarse en Twitter un trending topic xenófobo, una “tendencia” muy fea bajo el epígrafe: “Leña al moro”. La consigna vergonzante recordaba la portada que publicó el periódico deportivo Marca el 6 de agosto de 1997, con ocasión de la celebración en Atenas del Campeonato Mundial de Atletismo. El plato fuerte del torneo enfrentaba entonces al atleta marroquí Hicham el Guerrouj con los españoles Fermín Cacho y Reyes Estévez en la prueba de 1.500 metros. Al día siguiente, tras la victoria del mediofondista magrebí, el diario redobló la gracieta con otro titular en primera plana del mismo jaez: “Moro, plata y bronce”. Claro está que eran los años 90, y todavía sobraban vista, brocha y sal gordas.

Bajo el chamizo de la “leña al moro”, aparecieron el martes tuits francamente desagradables y otros que invitaban a la carcajada por su tosquedad. Por ejemplo, un usuario del pajarito azul, tal vez en un derroche de mordacidad, proponía a Luis Enrique un dream team alternativo, una alineación de ensueño para enfrentarse a la selección de Marruecos: Santiago apóstol, en la portería; una línea defensiva compuesta, entre otros, por Millán Astray, Miguel Primo de Rivera y el general Espartero; un mediocampo de nobles cabezudos; y, como arietes de la delantera, Don Pelayo y el Cid Campeador. ¿El capitán del once? Por supuesto, el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba.

El algoritmo

Desconozco las normas que rigen en casa de Elon Musk y mucho menos me manejo con el nuevo algoritmo, pero llama la atención que algunos usuarios vieran succionados sus comentarios hacia el barrizal cuando no habían tecleado el polémico enunciado. En cualquier caso, se trató de un episodio menor, con 4.844 tuits en el momento álgido del pimpampum. O sea, nada, una gota en mitad de los cinco océanos. En el fondo, Twitter es una burbuja perdida en el gintónic. Menos aún.

Sé que me contradigo, que no conviene meter cuchara en asuntos menores, pero viene al pelo recordar que proceden del árabe algunas palabras hermosísimas en castellano, como naranja, gacela y el azar que arrastró a la selección a los penaltis. También, muchos de los vocablos que empiezan por el prefijo al. El álgebra, la anatomía del ojo, el escabeche y el ajedrez. Los turrones de las próximas Navidades, que tanto se parecen a los dulces de almendra y miel que venden en las medinas. Y Averroes, que nació en Córdoba. Ocho siglos de cohabitación, nada menos.

Hasta el “¡alabín, alabán, alabín bon ban!” que se corea en los estadios viene del árabe: “alla’ibín áyya ba’ád alla’ib bón bád”, que significa “jugadores, venga ya, el juego va bien”.

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