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Matías Vallés

Messi se independiza

Messi ha materializado el sueño inconfesable de todo ser humano, cancelar todas sus deudas. No solo ha conquistado el Mundial de Qatargentina, también se ha independizado de su país natal, que le fue avaro en reconocimientos mientras acaparaba títulos y victorias para el Barcelona. A efectos patrióticos, es tan argentino como Mbappé, un francés de pura cepa en tanto que ha desarrollado su biografía y su carrera íntegramente en el país donde nació. La construcción física del siete veces Balón de Oro en La Masia lo acreditaba como un producto de estirpe culé. Qatar ha aportado la pintoresca geografía para la unanimidad planetaria, con los elogios impostados de los barcelonistas que lo echaron a patadas, de los madridistas que lo pretendían inferior a Cristiano, o de los argentinos que le brindaron el título ominoso de traidor a la patria. Por no hablar de los intelectuales, que cuestionaban la inexpresividad de quien adquiere su supremacía oratoria al articular la palabra “bobo”.

Se hablaba del Brasil de Pelé, pero Messi suplanta a Argentina entera como electrón libre que se independiza de las patrias. Si se alinea de francés, hubiera ganado el Mundial para Macron. Ni siquiera está en su mejor momento, pero definió al arrastre todas las jugadas albicelestes, incluido el gol en contra de sus intereses que remachó Mbappé. La trayectoria de los campeones en el Mundial está empedrada por Arabia, México, Polonia, Australia, Holanda, Croacia y Francia. No es un currículo glorioso, además de que las dos confrontaciones de élite ante holandeses y franceses se decidieron a los penaltis y con malos modos.

Messi era el mejor futbolista de todos los tiempos hace una docena de años, bienvenidos a la tardía evidencia. Te preguntaban si el argentino ocasional era Dios, y respondías que depende. Pues bien, Messi ya no depende. No ha conquistado el mundo, se ha librado del planeta al customizar su éxito allá donde va. Bajo la disciplina de otra selección de mercenarios, demuestra que los colores de la bandera o la camiseta son lo de menos, solo los mediocres necesitan arroparse en las supersticiones colectivas.

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