Bueno, amigos y amigas, aquí estamos. No sé qué les parecerá este día, del que he escuchado de todo en estos años, según mis interlocutores y sus circunstancias. En cualquier caso, esta pequeña columna tiene la humilde misión de desearles que lo pasen lo mejor posible. Si son ustedes de los que disfrutan con la Nochebuena y la Navidad, pues ¡Feliz Navidad! Y si no es el caso, o si el devenir de la vida les lleva en esta ocasión a estar un poco menos en línea con el preconcebido ánimo festivo de estas fechas, también quiero desearles felicidad. Feliz Noche, Feliz Día o Feliz lo que ustedes quieran. La idea es que sea quien sea usted, y haga lo que haga, quiero desearle —de corazón— que le vaya lo mejor posible. Hoy, mañana y siempre. De verdad. Y no necesariamente traducido a grandes golpes de suerte o a enormes cambios. No, felicidad en las cosas pequeñas que, háganme caso, son las que más llenan.

Soy consciente, sin embargo, de que los deseos al viento y grandilocuentes, sin mayor concreción, pueden muchas veces ser sinónimos de la nada. Pueden parecer discursos vacuos, como los que se esperan de los jefes de cualquier estado o de aquellos que, en su atalaya demasiado alejada de la realidad, dicen “que te vaya bien”, sin implicarse lo más mínimo en la consecución de tal felicidad deseada. No me gustaría que mis palabras, de igual manera, fueran a engrosar el ámbito de lo tópico y típico, con cero implicación en la vida de mis semejantes. No es mi intención. Nunca lo ha sido.

Por eso le digo que, si además del deseo que le brindo, piensa usted que puedo hacer algo por su persona, me lo diga. Que si hay algo que, a partir de mi iniciativa, le pueda ayudar, me lo cuente. Y trataré, en la medida de lo posible, de satisfacer lo requerido. Y no por ser Navidad, amigos, que al final es una fecha más en la larga línea de la existencia. Lo digo, sobre todo, porque cada día cuenta, y porque el suma y sigue de los mismos va agotando sus pasos, cada jornada que pasa, por lo que no es conveniente seguir demorando lo posible ahora. Además, de siempre he pensado que cuando uno se da, sobre todo, obtiene. Que cuando uno escucha, es como si contase su intimidad al viento. Que cuando uno comprende, es cuando mejor es entendido. Y que cuando uno aporta, en el fondo es cuando se siente colmado con el mejor regalo. Por eso... ¿les apetece una conversación? ¿Quizá saldar alguna cuita pendiente y que les incomoda? ¿Quieren debatir sobre algún tema? Acaso... ¿hay soledad en sus días?... Ya me dirán...

Yo pasaré una Navidad sencilla. Por primera vez desde 2019, volveré a ver a la familia sin que sea a través de vídeo, aunque desgraciadamente algunas personas muy queridas no estén físicamente ya, aunque sigan muy presentes. Y acudiremos no porque se haya extinguido una amenaza que sigue ahí, sino porque las circunstancias creo que lo permiten de una forma más o menos razonable. Pero en lo que no cambiará la cosa es en la sencillez. Sin oropeles ni grandes fastos, pero sí con cariño y con mutua entrega. Esa es la Navidad en la que creo, donde no hace falta regalar, pero sí reír de verdad. Donde no es necesario el mejor marisco, sino pequeñas viandas de casa, cocinadas a fuego lento y con amor. Y donde no me visto de gala, sino cómodo y sin mayores florituras, para estar a gusto. Esa es la Navidad que le desearía yo a todos y a todas, unas fiestas en las que lo importante sean las personas, y no el envoltorio, de todo tipo, con que se aderece a las mismas. Porque la cultura del envoltorio, que no es otra cosa que una superficialidad extrema, nos está lastimando y agotando como sociedad. Y estas fechas, como todas, son estupendas para volver a las raíces... A la fascinación que surge de la belleza al contemplar el Universo. Y al amor sin paliativos.

Feliz Nochebuena, amigos y amigas. Feliz Navidad, lectores y lectoras. Feliz felicidad, desde cualquier credo o desde ninguno. Feliz Vida Vuestra, con simpatía y agradecimiento por seguir al otro lado del papel o de la pantalla. Que sean jornadas felices, estas y todas. Porque de eso se trata, lo miremos como lo miremos, en estos días telúricos, en los que seguimos girando y desafiando a la entropía que llevará algún día al desorden todo aquello que hemos organizado con mimo, paciencia, tesón y esfuerzo... ¡Feliz Navidad!