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Jorge Dezcallar.

Falta de espíritu navideño

Tenemos una clase política que no nos merecemos aunque la hayamos elegido

El grado de encanallamiento y polarización que la política nacional ha alcanzado las últimas semanas tras desafortunadas iniciativas legislativas de un Gobierno débil y manipulado por Esquerra es difícilmente superable. El presidente habla de “choque institucional” sin precedentes e ignora que tampoco los hay de eliminar la sedición y reducir penas por malversación negociándolo con los condenados por esos delitos. O de tomar atajos en su esfuerzo por domeñar la justicia. Sinceramente creo que tenemos una clase política que no nos merecemos aunque la hayamos elegido. Las posturas de Sánchez y Feijóo no están más distantes de las que en su día estuvieron las de Carrillo y Fraga y, sin embargo, estos últimos lograron acercarlas gracias a lo que se llamó el “espíritu de la Transición” que les llevó a aparcar diferencias y a buscar lo que les unía. El resultado fueron los 40 mejores años de nuestra vida colectiva en los últimos tres siglos. Y ese espíritu es el que hoy algunos se quieren cargar junto con la Constitución de 1978 y la misma monarquía que es la clave de bóveda del sistema. Mal asunto.

El momento es grave porque la misma división de poderes, núcleo del sistema democrático, está hoy en juego mientras las fuerzas políticas tradicionales se ven arrastradas por las posiciones más ultras y populistas de ambos extremos, renunciando a la centralidad que posibilita acuerdos transversales. El PSOE de Sánchez no tiene nada que ver con el de González (uno de sus ministros me dijo solo medio en broma que deberían “crear las Vejentudes del PSOE para poner un poco de orden”) y el PP de Feijóo, temeroso del sorpasso por su derecha, también antepone sus intereses partidistas sobre los de los ciudadanos. El resultado es una degradación del ambiente político que no nos merecemos.

Sánchez ignora al Parlamento (un decreto ley cada 12 días hasta un total de 132 el pasado octubre) mientras el PP está en dígame usted lo que propone para que yo me oponga. En realidad ninguno quiere una justicia independiente y ambos aspiran a controlar el TS, el TC y el CGPJ (basta ver los jueces que propone el Gobierno para el TC o las declaraciones del ministro Bolaños de consolidar una “mayoría progresista” en el TC). No engañan a nadie. Las discrepancias son legítimas en democracia, lo que no es legítimo es saltarse a la torera las reglas e ignorar la división de poderes para conseguir a cualquier precio los objetivos perseguidos, porque ese es un camino muy peligroso que a nadie conviene. Abundan insultos mientras los ciudadanos de a pie sufrimos la inflación, el desempleo y el deterioro de los servicios públicos asistiendo perplejos a estas peleas de gallos sin que a nadie importe lo que pensamos porque la diferencia entre las promesas y programas electorales con la realidad posterior no puede ser mayor.

Y si miramos alrededor vemos tres crisis que son hoy particularmente graves y dolorosas a un tiempo: la alimentaria, la de Ucrania y la de Irán. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el COVID ha hecho aumentar en 100 millones la cifra de pobres en el mundo, los que viven con menos de 1,90 dólares al día. Y 45 millones mueren anualmente de hambre mientras nosotros compramos turrones y vamos a cenas de empresa. La invasión de Ucrania dificulta la llegada de cereales y fertilizantes a zonas ya muy castigadas y será muy difícil celebrar esta Navidad en el Cuerno de África.

En Ucrania el conflicto se ha enquistado y anuncia que será largo. No habrá tregua navideña y muchos seres inocentes pasarán este invierno, si lo pasan, con frío y con hambre y sin luz, agua o calefacción. Lo que Rusia allí hace es un crimen de guerra.

Y en Irán se ha desencadenado una brutal represión de quienes gritan “Zan, Zendegi, Azadí” (Mujer, Vida, Libertad) en defensa de la dignidad femenina ignorada por la teocracia gobernante. Hay miles de detenidos y entre ellos futbolistas (Amir Nasr-Azadani) o actrices famosas (Taraneh Alidoosti) y son muchos los que pueden acabar en la horca estos días, mientras los talibanes impiden definitivamente la educación de las mujeres.

Por eso, cuando veo las peloteras en nuestras Cortes o las escenas de sufrimiento que llegan de Ucrania, de África, de Afganistán o de Irán, no puedo evitar pensar que tienen muy poco que ver con el espíritu navideño y que podríamos estar haciéndolo mejor. Mucho mejor.

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