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Arenas movedizas

Jorge Fauró

La huella sonora de una época

El Ministerio de Cultura ha incluido al músico Santiago Auserón entre las 33 personas e instituciones distinguidas con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, con la que se reconoce una labor sobresaliente en el campo de la creación artística o cultural y la difusión y conservación de la misma. La concesión no presupone la asunción tardía de unos méritos por parte de un organismo del Estado, pues ya le otorgó en 2011 el Premio Nacional de Músicas Actuales de manos del mismo ministerio, aunque sí reconduce el descuido de la autoridad cultural en su principal galardón, que en las últimas décadas premió con la misma medalla a otros coetáneos del músico zaragozano.

Todos los ministerios de Cultura que en España han sido han mostrado una singular racanería a la hora de desplegar la alfombra roja para reconocer según qué géneros artísticos. Muy al contrario, se han caracterizado por una generosa tacañería, valga el oxímoron, para admitir que la música popular también merecía enmarcarse en lo que se conoce como bellas artes. Desde la década de 1970 hasta la concesión de la Medalla de Oro a un rockero hubo que esperar hasta 1993, cuando se la entregaron a Miguel Ríos, un periodo que puede considerarse una carrera de fondo si tenemos en cuenta que la distinción arrancó con olor a armario cerrado —Salvador Dalí aparte— rindiendo homenaje, entre otros, al escritor José María Pemán o al escultor del Valle de los Caídos, Juan de Ávalos. Mucho se ha avanzado cuando este año, aparte de Auserón, el Gobierno ha resuelto conceder la misma medalla —igual de merecida— al promotor de conciertos Gay Mercader. Larga vida al rock and roll.

El reconocimiento oficial al cofundador de Radio Futura, alter ego de Juan Perro, representa además la coronación de una etapa cultural en España, la de la eclosión fastuosa de la década de los 80, etapa que el Ministerio de Cultura ha venido celebrando en las últimas décadas siempre en pequeñas dosis. La Medalla de Oro de las Bellas Artes le llega a Auserón (con Pedro Almodóvar, el artista más influyente de esa generación) cumplidos los 68 años. Dado que el reconocimiento debe contemporizar con disciplinas muy distintas (literatura, pintura, arquitectura, música, gastronomía), tampoco era muy razonable que Miguel Bosé o los Hombres G fueran distinguidos en 2009 y 2017, respectivamente, por su contribución a la creación artística en España, y Santiago Auserón no. Nadie discute los méritos obtenidos a lo largo de sus carreras por Alejandro Sanz, Rocío Jurado o José Luis Perales, los mismos que acertadamente se reconocieron en su día para con Sabina, Rosendo, Medina Azahara o Luz Casal. Sin embargo, resulta sorprendente que la medalla nunca colgara de la solapa de Antonio Vega o, ahora que aún pueden, de Jaime Urrutia.

Con independencia del partido que gobernara desde que Miguel Ríos abrió el camino del rock a la Medalla de Oro de las Bellas Artes, la clase política parece haber padecido cierto azoramiento a la hora de admitir que la música de los 80, con aquellos grupos de hombreras imposibles, melodías facilonas y la frivolidad enraizada en sus letras, puede enorgullecerse de haber legado a la cultura una cosecha excelente de artistas irrepetibles, de los que Santiago Auserón, autor asimismo de una extensa obra literaria, es su punta de lanza.

Los gobiernos acabaron reconociendo la contribución de los músicos más influyentes de aquella etapa, casos de Rosendo, Luz Casal, Kiko Veneno, Alaska, Los Secretos o Loquillo. Los gabinetes de Aznar y Rajoy desoyeron, por fortuna, aquel disparate fruto de la ignorancia verbalizado por uno de los suyos, el alcalde de Madrid de 1991, Álvarez del Manzano, cuando dijo que los 80 apenas dieron para un par de guateques: “No hay que enterrarla [la Movida] porque se ha evanescido, ni siquiera tiene cuerpo para enterrar. Era algo etéreo, una propaganda política, no ha dejado un solo poso. Yo no recuerdo un solo libro, un solo cuadro, un solo disco; nada, de la movida no ha quedado nada”. Al final claudicaron.

El rock latino nunca habría sido lo mismo sin la enorme aportación de Radio Futura. En España, Macaco, Amparanoia o Jarabe de Palo no habrían sonado igual, pero tampoco Mano Negra o Aterciopelados fuera del territorio nacional. En todos ellos dejó el poso Santiago Auserón, bien como líder de la mejor banda de su época o como artista en solitario con el nombre de Juan Perro. Y sigue influyendo.

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