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Pedro de Silva.

¡Hagan tablas de una vez, caramba!

La guerra de Ucrania ha ido mutando hasta convertirse en lo que militarmente hoy es: un pulso, en la frontera misma de sus áreas de influencia en Occidente, entre las dos mayores potencias nucleares del mundo. Se trata de un juego contenido, en el que se renuncia tanto al comodín atómico, válido solo como amenaza, como a una expansión territorial del conflicto. Para USA es un juego de desgaste basado en las mejores cartas de armamento y en su inagotable provisión, para Rusia un desalmado juego de destrucción masiva de una nación que creía suya. Llegados a tablas técnicas, todo debería augurar un armisticio y una mesa de diálogo en la que, aún siendo improbable un final de paz negociada, al menos se enquiste la partida en modo-juego-de-mesa, silenciándose las explosiones, en lugar de cronificarse con riesgo grave de que en una de estas alguien pueda darle una patada al tablero.

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