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Javier Cuervo

Artículos de broma

Javier Cuervo

Delacroix no sale del móvil

Delacroix era hijo de político y romántico y cuando los parisinos organizaron barricadas contra la supresión del Parlamento que hizo Carlos X, el pintor compuso un cuadro magnífico con las torres de Notre-Dâme al fondo, un suelo de cuerpos caídos, descamisados y burgueses armados y una bandera al viento empuñada por una mujer bellísima, descalza y escotada de los pechos que simbolizaba la libertad y guiaba al pueblo. Esas calidades estéticas no las dan los vídeos de los teléfonos móviles ni de las cámaras televisivas, aunque se sitúen los disturbios en la megalómana limpieza de líneas de Brasilia.

Ves el asalto bolsonarista y no sientes lo mismo que ante el cuadro romántico porque no llenan los espacios espaciales de Oscar Niemeyer y porque en ese desorden y esa violencia contra los cristales, que por su naturaleza son transparentes y quebradizos, se ve un empeño brutal que no representa lo mejor de la especie. No hay donaire en los humanos que empujan y asaltan, salvo que se coreografíe como en las películas y lo ejecuten bailarines. Esa violencia contra las cosas en las oficinas de Brasilia es demasiado parecida a la jaula de los primates del zoo de Ámsterdam.

Vayan uniformados con el amarillo guacamayo de la bandera brasileña o vestidos con el particularismo carnavalesco de los asaltantes al Capitolio de Washington, sean hormigas del hormiguero bolsonaro o trumpistas en estampida por incendio en la sabana, cuando ponen los pies sobre la mesa, convierten el escenario en tobogán o caminan sobre los respaldos de las butacas vuelven al espectador primatólogo.

Se hace global la idea de que el populismo se demuestra asaltando, pero la libertad no guía al populismo. El discurso oficial recalca que el populismo maneja grandes problemas con soluciones sencillas. La tecnocracia que, desde la más estricta institucionalidad, nos trajo hasta aquí ofrecía crecientes problemas sociales con soluciones deliberadamente complejas. Hace falta oír el discurso del espacio intermedio que no hay que confundir con el centrismo.

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