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Salvador Macip

El ‘retorno’ de la pandemia

La ola de casos de COVID que está sufriendo China es un motivo de preocupación, pero también una oportunidad para desechar una serie de percepciones erróneas y peligrosas

Este 2023 ha empezado con la sensación de estar viviendo el día de la marmota, de nuevo todos mirando hacia el este con miedo. La ola de casos de COVID que está sufriendo China es un motivo de preocupación, sin duda, pero también una buena oportunidad para desechar una serie de percepciones erróneas y peligrosas que se han extendido últimamente. La primera, y más obvia, es que la pandemia había terminado. Aunque estamos en un momento mucho mejor, es evidente que todavía no se puede bajar la guardia. La segunda es que no debemos sufrir, porque el virus es ahora más benigno. Tampoco es cierto: vemos ya los estragos que puede hacer en una población mal vacunada.

La situación en China es trágica y se saldará con una cifra considerable de muertes (al menos un millón, se ha estimado). Es el fruto de un error de cálculo: pensar que la pandemia sería breve y, por tanto, se podía hacer frente con la estrategia de COVID cero. Esto, que era una buena idea al principio, es insostenible a largo plazo, por motivos sociales y económicos, por lo que había que prepararse para el momento inevitable en que hubiera que levantar las restricciones. En esta fase, la clave era vacunar a toda la población lo más rápido posible, lo que Europa hizo bien. China, en cambio, usó vacunas menos efectivas y no tuvo tanta prisa en proteger a la población más vulnerable. Ahora lo están pagando caro.

¿Cómo nos afectará la situación que vive China? Hay que insistir en que una pandemia es un problema global y, por tanto, hasta que no esté la mayor parte del planeta bien inmunizada, no podremos relajarnos. El virus siempre irá mutando y evolucionando y, si le damos campo para correr, como está ocurriendo ahora en China, pero también en otros lugares (recordemos que en África el nivel de vacunación es solo del 26%), aumentarán las probabilidades de que aparezcan variantes más agresivas que vuelvan a complicar la vida en el resto del planeta. Lo vimos con la Delta y, después, con la Ómicron, dos versiones del SARS-CoV2 que se convirtieron en dominantes cuando creíamos que la infección estaba casi controlada.

La principal preocupación, pues, es que en China se imponga una variante más contagiosa o que escape a los anticuerpos que tenemos, y que luego se esparza por todas partes. Lo que hace falta ahora es vigilancia: secuenciar todo lo que sea posible para detectar rápidamente formas peligrosas del virus, si aparecen, que requerirían medidas de contención más radicales. Esto de momento no ha pasado, pero debemos estar alerta, porque la posibilidad existe.

El otro problema que podemos tener es que la ola china llegue aquí y veamos un pico de casos. Esto podría ser alarmante, porque tenemos un sistema de salud ya muy tensionado: se ha hecho poco para reforzarlo después de la fase crítica de la pandemia, y la intensa temporada de gripe y otras infecciones respiratorias lo ha sobrecargado. Si ahora se saturan la atención primaria y los hospitales, que es lo que está sucediendo en China, el número de víctimas puede elevarse.

El aumento de infecciones no se evitará haciendo PCR selectivas a los viajeros que vienen de China, como se ha propuesto. Hemos visto estos años que es una medida poco útil ante un virus que se esparce tan rápidamente. El COVID nos puede entrar por otras partes, por tanto la vigilancia debe ser transversal. Ahora las olas se detectan sobre todo por la presencia del virus en aguas residuales, pero no estaría de más recuperar parte de las medidas (test, aislamiento de positivos...) que tomábamos antes, para tener mayor margen de maniobra.

Mientras las autoridades sanitarias realizan esta vigilancia de posibles variantes y nuevos casos, los ciudadanos también podemos contribuir. Es un buen momento para volver a la cordura: llevar mascarillas donde son obligatorias (y en cualquier lugar que haya aglomeraciones), proteger a los más frágiles y, sobre todo, vacunarnos. Sabemos que los anticuerpos contra la covid no duran para siempre, por eso es esencial que todo el mundo que no lo haya hecho todavía se ponga la dosis de refuerzo que le toque. Es la mejor forma de mantener los casos graves al mínimo. Lo que hace que la situación de China no pueda repetirse aquí es precisamente el buen estado inmunitario de nuestra población. Es esencial que no lo perdamos.

La pandemia aún tardará en terminarse. Que hayamos dejado atrás los momentos más duros no quiere decir que podamos desentendernos del todo. Pero tampoco debemos caer en el pánico. Lo que hace falta es estar alerta y saber reaccionar rápido si la situación cambia. Esto, como siempre, es responsabilidad de todos.

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