Nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. La dignidad es un valor único muy reconocible en el ser humano que viene de serie, pero que nunca debemos perder, por nada ni por nadie, ya que supone el respeto y la consideración que todos merecemos; viene a ser la conducta ejemplar del ser humano a lo largo de su existencia, estando sujeto a unas normas en la manera de comportarse, que guían cualquier acción de cada uno de nosotros, que supone un impacto en la vida de los demás y en la sociedad.

La autoestima no forma parte de nuestro ADN, se adquiere con el tiempo y es preciso cultivarla, depende del propio individuo y de su entorno, tiene mucho que ver con la percepción que tenemos de nosotros mismos y con las relaciones personales, familiares y profesionales, el respeto que te tiene la sociedad, como te ven los demás. Hay que potenciar los valores que uno tiene en nuestra relación con los demás, propiciar que haya buena empatía en el entorno familiar, laboral y social, ya que te va a ayudar a aumentar la autoestima y a tener más seguridad en ti mismo, lo que hace que tus capacidades y talentos aumenten y saques lo mejor de ti mismo en tu labor cotidiana y puedas enfrentar mejor los obstáculos y adversidades que surjan en el camino.

La auctoritas está basada en las cualidades innatas y en la distinción que tienen determinadas personas, con carisma, reputación, independencia de criterio, etc., que le otorgan una especial situación de preeminencia en un determinado ámbito que las destaca del resto, lo que les permite emitir de forma ponderada una opinión cualificada sobre cualquier asunto y con capacidad de influir en la sociedad. A un gran líder con auctoritas se le respeta, se le admira y es un referente a seguir; mientras que aquel que solo tiene la potestas que le otorga el poder, se le acaba con el cargo.

El poder de la influencia y/o el respeto de la persona que tiene auctoritas prevalece porque va siempre contigo. Decía Albert Einstein: “Pocas personas son capaces de expresar con ecuanimidad opiniones que difieren de los prejuicios de su entorno social. La mayoría son incapaces de formarse tales opiniones”. La dignidad y la autoestima nos van a servir de escudo protector en la defensa de nuestras convicciones y en la lucha diaria por la vida. Una persona íntegra y auténtica, firme en sus creencias e ideas, con autoestima y auctoritas, está en inmejorable disposición de alzar su voz a la hora de defender aquellos planteamientos que considere justos, que será escuchado, respetado y tendrá la capacidad de influir en la sociedad, además de poder afrontar con dignidad situaciones injustas y muy dolorosas que se le presenten a lo largo de su vida.

La grandeza del ser humano no está en acumular riqueza, poder, cargos, etc.; está en el ser de la persona, en comportarse con dignidad y en mantener una conducta ejemplar en el transcurso de su vida y hacer el bien a los demás con humanidad y generosidad, a través de buenas acciones y obras; es el mejor legado que le puedes dejar a tus seres queridos y a la sociedad cuando te llegue la hora de abandonar este mundo.