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Juan José Millás

EL TRASLUZ

Juan José Millás

¡Ojo a los efectos secundarios!

Los salarios van con la lengua fuera detrás de los precios como los galgos, en el canódromo, corren detrás de la liebre mecánica. Los salarios jadean, pierden velocidad, algunos tiran la toalla…; se rinden porque la inflación, como la liebre mecánica, nunca se cansa. A esa fatiga crónica de los sueldos la llaman algunos “moderación salarial”. Suena bien. De hecho, no hay candidato político que no alardee de mesura, aunque lo haga a gritos. En España, somos muy de gesticular y de hablar a voces. Ayer mismo, en el bar de la esquina, dos hombres estuvieron a punto de llegar a las manos para decidir por la fuerza cuál era el más moderado. Me pregunto si, lógicamente, habría ganado el que hubiera perdido. Significa, en todo caso, que hay radicales de la moderación como hay extremistas de centro.

El moderado-moderado de verdad no aúlla. Si quieren un ejemplo, ahí tienen a Borja Sémper, recién abducido por Feijóo. Sémper, al contrario de Cuca Gamarra, no pierde los modales jamás. Lo más probable es que se vea obligado a jadear detrás de Javier Maroto, Isabel Díaz Ayuso o el propio Feijóo igual que los salarios detrás de la inflación. Su fichaje es un misterio, pero vaya usted a saber lo que se cuece en la cabeza de un político en situación preelectoral.

Entre tanto, las urgencias de nuestros hospitales se colapsan hasta el punto de que el personal sanitario habla ya de catástrofe: la gripe A es la liebre mecánica de la salud pública. Pero si no fuera la gripe A, sería otra cosa, porque lo público va perdiendo todas las carreras frente a lo privado. Mientras se predica la moderación, se practica la explotación. Pocas cosas hay más radicales que el ultraliberalismo económico como pocas cosas hay más saladas que el agua del océano. Pero los tiburones financieros se desenvuelven bien en el mar, perdón, en la economía liberal. De modo que no les escuchen ustedes cuando les hablen de moderación: lean sus labios. Pensándolo bien, es muy posible que Borja Sémper no haya sido fichado como elemento moderador del PP, sino como ansiolítico de los votantes de la izquierda.

¡Ojo a los efectos secundarios!

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