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Sílvia Coppulo

El pecho de mis sueños

“Si no te sientes segura de ti misma por tener un pecho pequeño y te gustaría mejorarlo en forma y tamaño, puedes hacerlo en la clínica del Dr. M. M. No te conformes y sé feliz. Serás una nueva mujer, segura y valiente, que darás siempre pasos firmes para conseguir las metas por las que luchas cada día. Consigue el pecho de tus sueños”.

Se trata del texto de la web de un centro médico prestigioso de Madrid. Dirigido únicamente a las mujeres, las trata de disminuidas física y psíquicamente. Me parece contrario a la ética profesional médica considerar que la baja autoestima personal es consecuencia de tener unos pechos pequeños; igual que prometer que la felicidad llega con los implantes de silicona. O que, si no pasas por el bisturí para conseguir un cuerpo deseable según los cánones de la moda, tendrás razón en sentir que no vales nada.

Así se entiende que adolescentes acomplejadas de 14 años reclamen una liposucción, una rinoplastia o el consabido cambio de pecho, cuando cuerpo y psique aún están en desarrollo. Más aún, aumentan los casos de dismorfofobia. Personas que interiorizan una imagen distorsionada y negativa de su cuerpo, alejada de la realidad. Además, redes sociales como Snapchat, que elimina con un filtro las arrugas, agranda la mirada o empequeñece la nariz, nos confunden al ofrecernos nuestra imagen irreal, fervientemente deseada.

De la misma manera que cuidamos nuestra piel, vamos a la peluquería o nos maquillamos, creo que hay que saber valorar bien los retoques estéticos. Por supuesto que existen buenos profesionales de la medicina, que actúan con un alto sentido de la responsabilidad, aunando armonía, seguridad y salud. Incluso se niegan a ejecutar demandas excesivas de pacientes, derivándolos, si es el caso, a la consulta psicológica.

Empezamos el año. Tratémonos bien con una dieta equilibrada, actividad física y relaciones afectivas sanas. Pero en la era de la violencia estética, hay que reflexionar. La belleza está reñida con la perfección.

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