Según el IPCC los cambios en el clima están directamente relacionados con la actividad humana debido, a las emisiones de GEI que son hoy en día un 50% superiores a los niveles de 1990. El planeta está acusando los efectos del cambio climático (tempestades, potentes tormentas, fuertes vientos, inundaciones, sequías, olas de calor, incendios más intensos, etc.), y está cada vez más cerca de su punto de no retorno. El tiempo se agota para enderezar el rumbo, mientras una parte de los gobernantes del mundo no hacen nada para evitarlo, cuando lo que se necesita es unidad de acción global para actuar con contundencia ante lo que se nos viene encima.

Una serie de hechos ocurridos en Europa en el 2022 tienen que motivarnos para unir fuerzas en la lucha contra el cambio climático: la destrucción causada por las inundaciones y los incendios forestales, la crisis energética que estamos padeciendo (necesidad de autonomía energética) y el enorme riesgo de la pobreza energética. Ante esta situación, el CESE aboga por la creación de un Fondo de adaptación al cambio climático para responder a las emergencias medioambientales, climáticas y energéticas que puedan surgir de forma inminente; que se convertiría en un instrumento para la recuperación y la preparación en caso de catástrofe, como vía hacia la transición energética y para garantizar la solidez de las políticas de la UE en materia de clima y energía y la complementariedad del Fondo de adaptación al cambio climático.

Tenemos que estar preparados para afrontar las posibles consecuencias del cambio climático, es necesario establecer una estrategia para afrontar el impacto de la variación del clima en las personas, sobre todo en las ciudades y poblaciones costeras que serán las más amenazadas; así como definir criterios de sostenibilidad de los recursos energéticos y su relación con el cambio climático. Las nuevas tendencias de futuro, así como sus estrategias para el cumplimiento de los protocolos actuales, pasan por acelerar la transición energética e impulsar las energías renovables. El objetivo global y urgente tiene que ser la consecución de un modelo energético sostenible que contribuya al mantenimiento del planeta, compatible con un desarrollo armónico y sostenible.

El cambio climático precisa de la acción coordinada y global, con algunas claves: reducir drásticamente las emisiones de GEI y desarrollar la adaptación a los efectos de las que no se eliminen e impulsar el compromiso personal. Estamos ante una emergencia climática, urgen cambios estructurales y rápidos para no superar el límite de 1,5 ºC de calentamiento global a finales de siglo (Acuerdos de París). A través de fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales para sobrevivir, endurecer las medidas urgentes de las estrategias nacionales; los países miembros de NN.UU. tienen que acelerar la mitigación y la adaptación climática, con la finalidad de frenar la crisis climática y minimizar los efectos que puede deparar a la humanidad.

Hay que adoptar soluciones sistémicas en vez de limitarse a abordar los síntomas del problema. La transición hacia la sostenibilidad del planeta debe ser inclusiva y en sintonía con los 17 ODS y el pilar en el que se tienen que asentar los derechos sociales en Europa. Destinar más recursos a la formación y educación formal y no formal, para promover la sensibilización social y potenciar la capacidad humana e institucional, así como la colaboración y participación activa de la ciudadanía, ya que constituyen un mecanismo importante para combatir la crisis climática. Desde hace años, vislumbraba esta hecatombe, de ahí mi lucha titánica contra el cambio climático, a través de innumerables congresos, jornadas y cursos de carácter internacional en los que vengo alertando —con otros expertos de reconocido prestigio a nivel mundial— de la necesidad de adoptar medidas urgentes para anticiparnos y detener esta emergencia climática; sin embargo, me impacienta la desesperante inación bastante generalizada de los gobiernos que contemplan con pasividad un cambio climático cuyos efectos devastadores afectan a la mitad de la población mundial; pero no lo permitiremos, lucharemos con todas nuestras fuerzas hasta el final.