La sociedad actual está necesitada de líderes carismáticos y consistentes para afrontar los grandes desafíos que tiene la civilización actual y poder transformar el mundo, que tanta falta hace; y para llevar a cabo esa ingente tarea, se necesitan seres humanos, que además de inteligentes y trabajadores, sean buenas personas, comprometidas con el mundo y que estén dispuestas a trabajar por el bien común.

Un líder influirá más en la sociedad por su manera de ser, por su ejemplaridad en la forma de actuar, por su capacidad de motivar y contagiar a los demás, que por el hecho de utilizar su poder para imponer a la gente lo que tiene que hacer. Estas cosas no vienen de serie al nacer, las adquiere la persona a base de mucho trabajo, esfuerzo, constancia, que es lo que te va a permitir adquirir hábitos y conductas que se van a mantener en el tiempo. En tu caminar por la vida, la gente te recordará por ser como eres, por tu calidad como persona, por la huella que dejes a través de tus obras, más que por los cargos que hayas desempeñado o títulos que hayas acumulado a lo largo de la vida.

La sociedad actual mediatizada por la cultura del tener y de las apariencias, imbuida en un materialismo consumista exacerbado, cuando lo que tendría que trascender es el ser de la persona (auténtica, coherente y honesta). Un buen líder lo primero que hace es elegir a los mejores y cuidar a las personas que dependen de él. Es algo que va ligado a la condición humana, lo harás si eres una buena persona. Rodearte de los mejores es la mejor manera de sacar lo mejor de la sociedad para que redunde en su propio beneficio.

En el devenir de la vida, todos tenemos que afrontar alguna adversidad grande, que te lleva a perder momentáneamente la alegría, la sonrisa, pero hay que procurar mantener el estado de ánimo para seguir en la lucha, que nos permita seguir haciendo cosas por uno mismo y por los demás. El día a día no es un camino de rosas, surgen dificultades y es preciso mantener el temple, la disciplina y un orden en tu vida, ya que para alcanzar metas y objetivos hay que esforzarse al máximo y sacar lo mejor de nosotros mismos en cada momento.

La vida es un regalo de Dios, tenemos que aprovechar cada minuto de nuestra existencia, de ahí que la alegría de vivir siempre es una ayuda, si bien no es tarea fácil en una sociedad caracterizada por el exceso de competitividad, en la que todo es urgente, lo que genera mucho estrés; y si quieres sobrevivir con dignidad y que la sociedad no te devore, tienes que mantener una lucha titánica, no puedes bajar la guardia, ya que si te despistas un momento, te golean por todas partes. En esta vida se puede vivir con muchas menos cosas de las que poseemos, tenemos que aprender a valorar las pequeñas cosas si queremos encontrar algo de felicidad, y pensar que la gran mayoría de los mortales tiene mucho menos y no les queda otro remedio que tirar para adelante.

La sociedad actual atraviesa una profunda crisis de valores, en una época compleja en la que confluyen la pandemia, la emergencia climática, conflictos bélicos, una crisis económica galopante; por lo que la humanidad tiene que afrontar grandes desafíos: ¿cómo podemos combatir los grandes males de la sociedad? Alzo mi voz para pedirles a los gobernantes y dirigentes de la sociedad, que se alejen de la crispación y de la mediocridad de sus discursos sectarios y de perfil bajo en los que están instalados, que asuman la responsabilidad de propiciar el entendimiento a través del diálogo, buscar la concordia y la unidad de acción, pensando en el interés general y en el bien común.

Sobran demasiados cargos, sobre todo aquellos en los que la meritocracia brilla por su ausencia; por el contrario, se necesitan líderes que estén dispuestos, de forma altruista, a cambiar el mundo y a construir una sociedad mejor para las generaciones venideras. Esa es nuestra esperanza.