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Juan Soto Ivars

No sólo es una tilde

La RAE limpia, fija, da esplendor y está a punto de provocar una nueva guerra civil en España. La batalla, de hecho, sólo se ha reanudado. Arturo Pérez-Reverte, letra T mayúscula, celebraba la sorpresiva noticia publicada en la prensa, según la cual el adverbio sólo vuelve a llevar su tilde como es de ley. Trece años han pasado desde la última batalla, que se saldó con una derrota de los denominados tildistas, entre los que me incluyo. Fue entonces cuando la RAE, como si se arrodillase ante los alumnos de tercero de la ESO con problemas para identificar los adverbios, nos arrebató nuestra querida tilde en sólo y en los pronombres demostrativos.

Humillados, rabiosos y quejumbrosos, los tildistas nos escondimos en turbias cervecerías de Múnich, corrimos hacia los bosques como el maquis o nos emparedamos cual Mambrú para tramar nuestro contrataque. Mientras tanto, perseverábamos en adornar con estas bellas y aclaratorias tildes los adverbios y pronombres, y éramos perseguidos por ello con suma crueldad. Yo mismo he visto cómo los correctores de este periódico, y los de las editoriales en las que publico mis libros, asesinaban por órdenes de la RAE (¡e incluso la Fundéu, de la que fui miembro!) a estas pobres tildes. Mis textos, escritos con tildes, aparecían sin ellas: purgados, y el agradecimiento que hubiera debido profesar a los correctores por encontrar mis erratas y ejecutarlas se tornaba en amargura al descubrir que habían aplicado la misma medicina a mis adverbios.

La soledad que siente un sólo un éste sin su tilde es difícil de describir, pero en las noches oscuras los tildistas hemos animado a estas palabras heridas. Esperábamos, confiamos en los académicos como Pérez-Reverte y, al fin, cuando se nos dio la noticia, salimos a celebrarlo. Pero… ¡ah! El enemigo es tenaz, y la RAE está dividida. La sección de Español al día, dominada por malévolos sintildistas, aclaró en Twitter que la decisión de la Academia se mantiene inalterada y que sólo han hecho una pequeña apostilla a la norma de 2010.

Pérez-Reverte, furioso, respondió que vienen tiempos de hostias como panes. Y nosotros, los hablantes y escribientes tildistas, ya hemos puesto a todos los santos del Barroco español nuestras velas y oraciones para que el enemigo sea destruido. Pues no hablo sólo de una tilde, sino de nuestro honor.

¡Larga vida al capitán tildista!

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