Opinión

Prevención, conciencia y castigo

Como en todo brote epidémico, la prevención de los incendios forestales debe combinarse con la represión de los que los causan. Descuidar la primera y centrarse solo en la segunda sería un error mayúsculo, pero al revés lo mismo. Una política de prevención es antes que nada una política forestal, nada fácil en regiones donde la economía de los pastos siempre ha sido prioritaria a la del árbol, pero que por eso mismo debe ser más intensa. En cuanto a la represión, su base debe ser una conciencia social del inmenso daño para la naturaleza, el paisaje y la economía del turismo, que vaya cercando en la opinión al incendiario. Ahora bien, ignorar que las peores condiciones climatológicas son sistemáticamente aprovechadas tanto para las quemas prohibidas como, muchas veces, para la cerilla intencionada, y que ambas provocan la mayoría de los siniestros, sería ponerse una venda en los ojos.

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