Opinión | Inventario de perplejidades

La táctica del ‘pinganillo’

Gente que viene de la capital del Estado a comprobar cómo un artista enloquecido le ha dado unos enormes brochazos de color marrón a lo que fue un paisaje de delicadas, casi infinitas, tonalidades verdes, me cuenta el penúltimo cotilleo que rueda por las tertulias.

La mala uva es fértil, y todavía más en vísperas de elecciones. El destinatario/destinataria de la insidia es un candidato/candidata que parte en la carrera electoral disfrutando de unas encuestas muy favorables, e incluso, cercanas a la victoria arrolladora. No obstante, al tratarse de unos comicios que simultanean los resultados, de algunas comunidades autónomas (incluidas las ciudades africanas de Ceuta y Melilla) con las votaciones para elegir alcaldes y concejales, los asesores de imagen no se conforman con los sondeos de opinión, por muy favorables que estos sean, y buscan y rebuscan algún punto débil en la figura de su patrocinado. Y al parecer, lo han encontrado.

Según los expertos consultados, el míster/miss X (o miss/míster X) no alcanza el nivel de oratoria exigido a un líder de masas y, en ocasiones, se lanza a opinar por su cuenta y riesgo asuntos que no domina. Al inicio de su carrera política esas carencias no estorbaban demasiado porque estaban de moda los candidatos/candidatas del estilo Trump, Bolsonaro, Le Pen, Orban, Salvini, etc., etc., que recetaban mensajes cortos e incoherentes, pero cuando se trataba de las altas finanzas, de geoestrategia militar, de conflictos religiosos, o de cualquier otra cosa que requiera algo más de estudio, las limitaciones se patentizaban. Y entonces ya no llegaba con la apostura física, ni con la sonrisa atractiva, ni con las opiniones contundentes. Estrujaban el cerebro los siempre bien remunerados asesores de imagen para encontrar el remedio hasta que al jefe de la cuadrilla (¿quién si no?) se le ocurrió la fórmula salvadora. “Necesitamos un pinganillo. Un pinganillo lo arregla todo”.

A la primera nadie entendió la propuesta, por lo que hubo que ampliar la información.

–El pinganillo al que me refiero es el que usan los ciclistas para ponerse en contacto con el coche del equipo y recibir las pertinentes explicaciones.

–¡Ataca, ataca al comienzo del puerto a tus adversarios, ya les pesan las piernas!

El uso del pinganillo en el ciclismo profesional ha levantado polémica. Sus detractores le reprochan haberle robado la iniciativa a los corredores para entregársela a los directores, lo que hace más previsible y menos emocionante el desarrollo de las etapas. En cuanto a su utilidad para enmascarar la falta de recursos lingüísticos en el candidato, habrá que esperar. En los inicios del cine sonoro se dieron algunos fiascos al no encajar la voz con el movimiento del cuerpo. La experiencia resultaba ridícula.

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