Opinión | Divaneos
Problemas en la élite deportiva
Ricky Rubio no necesita presentación para los aficionados al baloncesto, pero sí para los que no creemos en deportes fundamentados en ideas lamarckianas, claramente erróneas y equivocadas, pero eso es otro debate. Si está en el primer grupo y anda con prisa puede ir directamente al segundo párrafo. Para los que no tenemos ni idea de baloncesto, su nombre ha saltado estos días a la palestra (como dirían los pedantes) porque ha renunciado a jugar el mundial de baloncesto por problemas mentales. Rápidamente sus compañeros de equipo han salido en su apoyo, como no podía ser de otra forma, y su equipo, el Cleveland Cavaliers han llegado a decir que “no lo dejarán tirado”, como si hacerlo hubiera sido una opción.
Al conocerse su renuncia la mayoría de los comentarios percibidos en esa malsana ciénaga que son las redes sociales, en las calles o en los bares entre aquellos que leen el periódico, tiene que ver con cómo una persona joven, con dinero, éxito, una carrera bien fundamentada, la vida (aparentemente) solucionada y respetado en lo que ha elegido como medio para ganarse el pan pueda tener algún tipo de problema mental. Es lógico pensar así, la mayoría pasa por alto que el éxito profesional no es garantía de tener una buena salud mental. En ocasiones es lo contrario. Porque Rubio no es el primero que se ve atrapado y que necesita de ayuda profesional para desbloquearse. Antes Michael Phelps, nadador para más señas, o Simone Biles, gimnasta, también se han visto envueltos en problemas similares. Un estudio del Comité Olímpico Internacional (COI) titulado Mental Health in Elite Athletes (salud mental en atletas de élite) asegura que un cuarto de ellos sufre problemas de salud mental y subraya la necesidad urgente de abordar este asunto con comprensión y con un enfoque científico.
Porque, como se ha visto en el barrizal de las redes sociales, hablar de salud mental continúa siendo un territorio arriesgado para muchos deportistas. Un estigma social que disuade a muchos de ellos de compartir sus experiencias públicamente. Temen que se les etiquete como “débiles” o como que no son los suficientemente fuertes, lo que les lleva a que el problema se enquiste.
En este caso, los deportistas (de élite o no, vale cualquiera que se gane la vida con esto) se enfrentan a múltiples factores estresantes tan válidos como sentimos los comúnmente mortales en nuestros trabajos o en nuestro día a día. En esa lista está la incertidumbre sobre el futuro de sus carreras (por lo general bastante cortas), las lesiones que van debilitando su rendimiento y la presión social para mantener su rendimiento durante años y años. Todos estos factores pueden alimentar la ansiedad y la depresión.
Un estudio liderado por Claudia Reardon, psiquiatra clínica deportiva, asegura que los estigmas que envuelven la salud mental de los deportistas pueden hacer que estos no busquen la ayuda que necesitan y enfatiza la importancia de que los entrenadores tengan también recursos para poder lidiar con este tipo de problemas. Una formación de la que ahora mismo carecen la inmensa mayoría de ellos. Dos psicólogos australianos, Clifford Mallet y Stephanie Hanrahan, firmaron hace unos pocos años un estudio científico de título bastante atractivo que, ya traducido, venía a decir algo así como: “Deportistas de élite ¿por qué el fuego arde tan intensamente?”. En realidad, lo que buscaban era examinar la motivación y los procesos psicológicos que hay detrás de la búsqueda de excelencia en el deporte de élite. Para ello analizaron la forma de pensar de atletas exitosos explorando qué era lo que les impulsaba a dedicarse a lo que se dedicaban. Su conclusión fue que la mentalidad de los deportistas está impulsada por una combinación de deseo de superación, satisfacción personal y algo así como pasión por el deporte. Y que era cuando alguno de estos pilares se venía abajo cuando la salud mental comenzaba a debilitarse y aparecían los problemas. Venían a decir que los deportistas de élite a menudo integran su identidad con su propia actividad deportiva y que su rendimiento solía estar ligado con su felicidad intrínseca. Pero cuando eso se rompe los problemas mentales pueden aparecer a la velocidad de un relámpago. De la ecuación de la felicidad intrínseca habría que eliminar a futbolistas como Messi, Cristiano Ronaldo, Mbappé o Iniesta que se mueven más por los billetes.
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