El ojo crítico

Gracias; volved pronto

Fernando Ull Barbat

Fernando Ull Barbat

España ha vuelto a cerrar un verano con récord de visitantes extranjeros a nuestro país y con los españoles viajando más que nunca dentro de nuestras fronteras. Y a pesar de la moda antiturista que desde hace algunos años se ha expandido entre una pequeña parte de la sociedad, los españoles debemos sentirnos muy agradecidos por recibir todos los años millones de extranjeros que deciden venir a España para gastar su dinero, número de visitantes que aumenta todos los años excepto el tiempo que duró la pandemia por el virus Covid 19. Resulta evidente que la llegada de tantas personas en dos meses de verano supone alguna incomodidad para los que viven en las ciudades y pueblos donde todas estas personas deciden pasar unos días de vacaciones, incomodidades que nunca pasan a ser graves ni molestas salvo para aquellos que piensan que su lugar de residencia es solo suyo y que nadie de fuera tiene por qué venir. Yo recuerdo que en los años 80 y 90, cuando el turismo en España se reducía a tres meses al año, al terminar el verano y la Semana Santa la lista del paro aumentaba en gran cuantía y en los medios de comunicación se podían leer reportajes y noticias sobre el hecho de que en muchos pueblos y ciudades de la costa la economía quedaba en suspenso.

El resto de sectores productivos no lograban absorber todos los trabajadores de hostelería que quedaban sin trabajo así que muchos de ellos sólo podían aspirar, en el mejor de los casos, y si reunían los requisitos, a cobrar la prestación por desempleo durante seis meses. Hoy día, sin embargo, y dada la cantidad de más 80 millones de visitantes extranjeros que recibe España, a lo que hay que añadir los propios españoles que viajamos por el interior de nuestro país, decenas de miles de españoles viven del turismo y de todo lo que ello conlleva. Hoteles, bares, restaurantes, apartamentos turísticos y las empresas de servicios que los nutren de los productos y bienes necesarios para ejercer su actividad, tienen trabajo todo el año. La temporada alta sigue siendo el verano y la Semana Santa, pero durante el resto del año España tiene la suerte de recibir a millones de extranjeros que vienen a disfrutar de nuestro benigno clima invernal, nuestra gastronomía y nuestros monumentos y museos.

Aunque de vez en cuando se afirme en periódicos y televisiones europeos (sobre todo ingleses) que países como Turquía, Túnez, Marruecos o Argelia son posibles rivales de España en cuanto a turismo de sol y playa se refiere, cualquiera que haya viajado por alguno o varios de estos países (como yo he hecho) sabe que las diferencias entre España y cualquiera de ellos son abismales. Las infraestructuras, los medios de transporte, los hoteles y restaurantes no tienen nada que ver con los españoles. España es uno de los pocos países del mundo donde una mujer se siente segura caminando sola por la calle.

Siempre habrá cascarrabias que hablen mal de los extranjeros y en general de cualquiera que venga de fuera. Criticarán todo: que hablen raro, que caminen por las calles y que entren en las tiendas a gastar su dinero. En realidad esto no es algo nuevo. He vivido en poblaciones pequeñas donde a los de fuera se les ponía mote y se dejaba bien claro que nunca iban a pertenecer a los del pueblo, es decir, a los auténticos. Pero la obligación de un gobernante es mirar por el bien común y no hacer caso a actitudes egoístas que muchas veces esconden complejos de inferioridad. Resulta paradójico que políticos que cobran salarios que muy pocos ciudadanos tienen se dediquen a boicotear desde las instituciones un turismo que tanto beneficio deja en la población. Por no hablar del bien que hace a esos cascarrabias relacionarse con otras culturas.

Hace unos días el diario Información de Alicante publicó una noticia afirmando que en la provincia de Alicante una de cada cinco viviendas está vacía pese a la necesidad de viviendas en alquiler debido a la inseguridad jurídica en los arrendamientos que tienen sus dueños. En el barrio de la Malva-rosa de Valencia, donde se encuentra la principal playa de la ciudad, los vecinos han creado patrullas vecinales para recorrer las calles y tratar de convencer a los toxicómanos y traficantes de droga que se vayan del barrio. Estos son los problemas que deben resolver los políticos para que el parque de viviendas en alquiler aumente de manera exponencial. En el barrio del Cabanyal, también de Valencia, un barrio abandonado por los responsables políticos de derecha y de izquierda, ciudadanos franceses, alemanes e italianos están comprando locales y pisos en ruina para rehabilitarlos e instalar negocios de todo tipo. Mismos locales y pisos que los valencianos no han tenido el más mínimo interés en comprar y rehabilitar ¿Cuánto tiempo pasará antes de que se forme una asociación de 50 vecinos “de los de toda la vida” alertando de la gentrificación y turistificación del Cabanyal? Le doy seis meses.