Opinión
Sin ganas
Lo único que arrecia con fuerza es la borrasca en el norte de este país y las bombas en un territorio que podría ser el nuestro si prevaleciera la empatía frente al odio o en el mejor de los casos, la indiferencia.
Se está conformando con muchas dificultades una mayoría que permita un gobierno con una estabilidad de un mínimo de dos años de legislatura. Las complicaciones sobre los asuntos de fondo no permiten alegrías por parte de los firmantes ni de aquellos que tienen que defenderlo. Estamos en un periodo transitorio que se intenta achicar lo máximo posible para empezar a gobernar. Ya sabemos que la actividad es el remedio para todos los tiempos de espera, sean dulces o terminen en ruptura.
Los que parecen más activados son los que ya trabajan a la contra, los miembros conservadores del CGPJ, los que siguen estando ahí cinco años después de que caducara su tiempo, que piden posicionarse sobre una proposición de ley de amnistía que todavía no se conoce. Nuevas competencias para un órgano constitucional fantasma que todavía no asume que está muerto. Se pone en marcha la mayoría del Senado para modificar el reglamento para dilatar la tramitación de la proposición de ley. Todas las herramientas y los procedimientos ajustados a la ley o menos para parar una proposición de ley de manera preventiva.
Después toda la tormenta judicial va a estallar contra la probable ley, de la que ocupará más la exposición de motivos que el propio articulado porque hay mucho que explicar en uno de los saltos claves en nuestra reciente democracia. La resaca de la promulgación de la ley va a durar más que la propia legislatura, que deberá ser osada porque una vez tirados al vacío sólo es posible aletear lo más rápido posible, ya saben actividad como principio de las cosas. El poeta Walt Whitman estaba siempre en marcha, caminar como expresión del rechazo de una civilización corrupta, contaminada y miserable. La actividad como rebeldía, la que deberíamos tener ante los niños muertos, huérfanos, mutilados por el encarnizamiento del gobierno israelí. Niños instrumentalizados para conquistar Gaza y expulsar a los supervivientes a Egipto, caminando con sus sombras hacia un destino que los recibe sin ganas.
En un mundo que se acciona más en los movimientos a la contra, más en la repulsión que en la atracción que diría Hobbes con su visión pesimista de la humanidad, hay que seguir marchando con o sin ganas. Los tiempos oscuros no son interminables, y mientras, hay que seguir picando piedra aunque parezca un trabajo inútil ante la dureza de lo real, en algún lado está escondida la belleza, no paremos hasta encontrarla.
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