Shikamoo, construir en positivo

Interferencia destructiva, nutrición e información

José Luis Quintela Julián

José Luis Quintela Julián

Los fenómenos ondulatorios tienen algunas características verdaderamente singulares. Y, entre ellas, la posibilidad de que la suma de dos contribuciones pueda dar, como resultado, un valor cero. Es el caso de la interferencia destructiva de la luz. Y es que no siempre la aplicación del principio de superposición va a significar un incremento en el valor de las magnitudes medibles de los fenómenos observados, ni mucho menos, como también ocurre en el caso de las magnitudes vectoriales. En el caso de la luz y, en general, de la radiación electromagnética, dependerá de cómo interfieran las ondas. Si uno hace interferir luz con más luz, el resultado puede ser el de zonas de oscuridad. También en el caso del sonido —onda longitudinal— ya que, para combatir un ruido insoportable, la solución es generar una onda cuya interferencia con la primera produzca un mucho menor nivel sonoro, o incluso llegue a anularlo totalmente. Ya ven...

En la información, queridos y queridas, pienso que pasa algo igual. Aunque pueda entenderse, en este caso, en sentido figurado. Si uno recibe miríadas de noticias altamente contradictorias, la suma de todo ello no implica un mayor o mejor nivel de información o de formación, sino en muchas ocasiones todo lo contrario. E incluso, a veces, el resultado es la desinformación absoluta. En este artículo quiero poner en relieve que me parece que algo así está pasando hoy en día en muchos campos, y que explicaré en particular en el caso de la nutrición humana, en el que muchos profesionales están implicados con alto valor. Pero, más en particular, déjenme que hable sobre la divulgación sobre nutrición humana. Les explico, antes de levantar suspicacias... No es mi intención molestar, y este no es el propósito de este artículo.

Pero lo cierto es que, si uno sigue con frecuencia las noticias sobre tal apasionante, necesario e importante ámbito, no para de detectar contradicciones. “Hay que leer noticias de calidad”, se me dirá con razón desde el gremio. Pero ellos y yo sabemos que, muchas veces, la calidad de un contenido no es el factor que más hace que el mismo se mueva y llegue a más personas. Ahí influyen también muchos otros elementos, que van desde la capacidad de contar —más objetivo— hasta la red de influencia y de contactos de la fuente de la información, o el poderío económico suyo o el de quien le apoye, o hasta de lo agraciado o agraciada que sea físicamente la persona que lo cuenta... Y también posibles intereses de las industrias concernidas o el afán de encontrar un titular de relumbrón. Algo que es extensible, por supuesto, a todos los ámbitos de la vida.

Con todo, uno puede leer en el mismo día que tres huevos a la semana no hacen daño, que los mismos han de restringirse más, o que hay casi barra libre con tal alimento... Que no se deben tomar demasiados hidratos a la cena, o que estos no son el problema. Que lo importante es comer de todo con moderación, o que hay que focalizar en determinados alimentos, cuidando mucho la ingesta de otros. Que hay que hacer tres, cinco, siete comidas al día o, directamente, ayunar. Y así un largo etcétera, con los medios de comunicación amplificando lo uno, lo otro... y lo contrario. Y, en tal tesitura, ¿con qué nos quedamos?

Obviamente, todos los consejos anteriores tendrán su rango de validez a partir del estudio particular de cada uno de los casos. No será lo mismo una dieta equilibrada para quien tenga valores altos de determinados componentes en sangre, que para los que tengan escasez de ellos. Para quien lleve a cabo un nivel de actividad promedio o para quien no. Y con muchos más elementos de análisis, incluyendo factores genéticos determinados por analíticas y otros exámenes de salud. En eso no hay duda. Pero precisamente por eso el llevar esto a toda la población de forma genérica tiene sus riesgos y limitaciones. Y, reitero, es farragoso, incómodo y cuestionable el enorme número de piezas que por ahí proliferan indicando que lo importante es la acción A, la B, las contrarias o ninguna. Todo ello contribuye a producir un cierto nivel de interferencia destructiva, esa que produce oscuridad, y que es la excusa emocional perfecta para que muchas personas sigan “a su bola” en cuanto a las comidas y los hábitos de vida, mientras el sobrepeso y la obesidad van batiendo paulatinamente todos los récords de prevalencia. Porque, con exceso de información contradictoria, el resultado puede ser el no recibir absolutamente mensaje alguno. Y, ya saben, “no news, good news”...