SHIKAMOO, CONSTRUIR EN POSITIVO

Otro necesario 25-N

José Luis Quintela Julián

José Luis Quintela Julián

Blanquear la violencia contra la mujer, oigan, no es solamente autoengañarse o intentar engañar a los demás. Es un auténtico dislate, a poco que uno haya dedicado algo de tiempo a mirar a su alrededor. Y esto incluye, queridos y queridas, cualquier intento de embeber o incluir esta violencia específica y con caracteres bien diferenciados en cualquier otro tipo de ataque o agresión. No, es evidente que hay un patrón propio en ella, que surge de ideas, creencias y prácticas muy arraigadas en la sociedad, que cercena las posibilidades de desarrollo de muchas mujeres. Y que, a veces, incluso se lleva por delante su vida.

Buenos días, amigos y amigas. He preferido comenzar hoy el artículo con la principal idea contenida en el mismo, para que esta tenga todo el protagonismo que se merece en un día como hoy. Y es que no cabe mirar para otro lado ni argumentar que problemas los hay en muchos más ámbitos. Estamos hablando de lo que estamos hablando y esto, le pese a quien le pese, tiene un nombre propio, y un contexto y un conjunto de elementos también muy claros. Es por eso que el espíritu del 25-N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, sigue muy vigente, siendo muy necesario. Y esto aún es más patente cuando se analizan las respuestas de varones de las generaciones más jóvenes a preguntas que tienen que ver con su percepción de tal violencia específica contra las mujeres. Algo que resulta preocupante, porque el riesgo de involución en los avances conseguidos y en los derechos consolidados es alto.

Tomen nota de realidades que no pueden ser obviadas. Más de cinco mujeres o niñas son asesinadas cada hora por alguien de su familia en el mundo. Una de cada tres mujeres sufren violencia sexual o física al menos una vez a lo largo de sus vidas. Y el ochenta y seis por ciento de las mujeres y niñas tienen su residencia en países que no poseen sistemas de protección legal contra este tipo de violencia contra ellas. Así las cosas, el goteo de mujeres que son objeto de amenaza, acoso y muerte es incesante. Un suma y sigue de actos específicos contra mujeres que han implicado en España más de un millón cien mil actuaciones por parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad en el año 2023, habiéndose incrementado estas de forma importante con respecto al año anterior. Todo un calvario que alcanza su mayor exponente en este ejercicio en la inquietante y macabra cifra de cincuenta y dos mujeres asesinadas en lo que va de año en el país por sus parejas o exparejas. Un nuevo golpe a la cordura, que eleva a un total de 1.237 mujeres el número de víctimas de la violencia machista desde que hay registros.

Y, así las cosas, una pregunta que surge de forma lógica es ¿hasta cuándo? ¿Cuál será el momento en el que la sociedad pueda alejarse definitivamente de este problema, y cuándo será de una vez seguro ser mujer? Pues seguramente una de las claves más importantes en tal sentido radica en la actividad educativa, tanto formal como informal. Porque de los mimbres que ahora plantemos tendremos unos u otros resultados que redundarán en una sociedad mejor o peor, en muchos ámbitos pero de forma particularmente clara en esta temática. Por eso no podemos mirar para otro lado. O, como hace algún partido político con escasas miras y menos escrúpulos aún, practicar un negacionismo inculto e interesado. Ser mujer sigue siendo sinónimo de tener más boletos para vivir en situación de pobreza o de ser víctima de violencia, a cargo de victimarios enquistados en valores obsoletos que aún siguen invocando, en pleno siglo XXI, la supremacía de los hombres frente a las mujeres... Y no siempre se hace esto de forma obscena y tumultuosa, sino que a veces tal diferencia y tal estigma se practica de forma sutil y hasta sibilina, casi sin que se note pero produciendo idéntico daño y contribuyendo al enquistamiento de tal realidad. Son los micromachismos, siempre presentes, pero no por ello menos espeluznantes.

Con todo, unamos nuestras voces en este día auspiciado por Naciones Unidas, celebrado en América Latina desde 1981 en recuerdo de las asesinadas hermanas Mirabal en República Dominicana en 1960, y asumido por la Asamblea General de la ONU en 1999. Y hagámoslo en torno al lema “Únete, invierte para prevenir la violencia contra mujeres y niñas”. Una necesidad imperiosa en una sociedad que necesita de mujeres y hombres, juntos, para acabar con esta execrable lacra global que sigue cercenando demasiadas vidas. Vidas de mujeres, claro está. Algo que hay que erradicar, y sobre lo que es importante incidir en días como este.

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