SHIKAMOO, CONSTRUIR EN POSITIVO

‘Coaching’ cuántico

José Luis Quintela Julián

José Luis Quintela Julián

Tengan ustedes buen día. Espero que estas jornadas pasadas de Nochebuena y Navidad hayan sido bonitas para ustedes. Si es así, estupendo. Y si no, ánimo y a seguir adelante. Lo digo porque soy consciente de que todos los días del año hay quien lo pasa bien y lo pasa mal, quien es feliz y quien sufre, quien viene al mundo y quien hasta, lamentablemente... lo deja. Es un buen ejercicio de empatía tratar de ponerse en la piel del otro, y procurar entender su momento vital concreto desde tal mirada. Y, así las cosas, entenderemos que todos los días son el escenario temporal de buenos y malos momentos, dependiendo de para quién y cómo. Fíjense, sin ir más lejos, en el par de sucesos tremendamente luctuosos acaecidos estos días en la ciudad. Supongo que las investigaciones en curso darán más pistas de qué ocurrió en cada uno de ellos, pero la desgracia está ahí, de forma irreversible.

Dicho esto, vamos al tema de hoy. Y es que estos son tiempos en los que muchas personas hacen planes para el próximo año, prometiéndose nuevos bríos en relación con los retos pendientes, sean estos de índole personal o profesional. Tengan cuidado, porque en esta etapa donde la información y la desinformación campan a sus anchas, y en los que falta criterio muchas veces para discernir entre la excelencia y el puro humo, habrá quien quiera aprovecharse de ustedes. Leía el otro día, sin ir más lejos, un cierto planteamiento de servicios profesionales dirigidos a terapias con adolescentes, basadas en el “coaching cuántico”. Y tan perplejo me quedé, que decidí escribir esta columna, fundamentalmente como aviso a navegantes. Huyan de quien trufe su propuesta de palabras de tal índole, tocadas de matices como el rigor científico, el misterio, la complejidad y la dificultad de comprensión. Cualquier cosa que suene a cuántica en el mundo macroscópico es, directamente, un fraude. Porque lo cuántico, que ha demostrado ser un potente formalismo que lleva a la descripción y cálculo con gran precisión de fenómenos físicos tales como el valor del factor giromagnético de Landé de una partícula o de un conjunto de ellas, no puede ser llevado a la ligera a entornos bien diferentes. ¿Me explico?

Me dirán ustedes que estamos en el punto en el que los ordenadores cuánticos empiezan a ser una realidad, pero eso es bien distinto. El ordenador cuántico está basado en el qbit —también llamado qubit o cubit—, frente al bit, pasándose de dos únicos estados (0 o 1, según no pase o pase corriente) a posibles superposiciones de estados, con un abanico mucho más amplio de posibilidades de cálculo, ganándose mucho en compacidad, versatilidad, rapidez y capacidad. Pero... ¿qué sentido puede tener el “coaching cuántico”, si en la realidad macroscópica la Física Cuántica ha de colapsar necesariamente a las leyes ordinarias de la mecánica, según la interpretación de Copenhague? Rotundamente, no tiene sentido hablar de cuantización —valores discretos únicamente para diferentes magnitudes— en el mundo macroscópico, porque la función de onda asociada a los cuerpos tangibles en tal rango pierde su lógica.

Pero hay quien explota el desconocimiento de tales materias por parte de la mayoría de la población para seguir adornando con una jerga paracientífica su producto fraudulento. Venga con la energía para arriba o para abajo, cuando la energía en Física es algo absolutamente diferente que sus acepciones más comunes en el lenguaje ordinario, con una mezcla absoluta de ignorancia y fraude para intentar colocar un servicio o producto, a veces verdaderamente surrealista. Hay quien te explica las propiedades cuánticas de un supuesto magnetizador de agua, lo cual no tiene ningún sentido físico, las excelencias cuánticas de una terapia o el carácter cuántico de la energía —ja, ja, ja— dimanada de un milagroso mineral o de la imposición de unas manos. Por favor, no se lo crean. Se trata de buscar dinerito fácil, sin escrúpulos y vendiendo sólo humo, sin más. A menos que busquen ustedes el beneficio de la sugestión, que nunca es desdeñable.

La Psicología tiene sus límites, y sus terapias son llevadas a cabo por profesionales cualificados con criterio contrastado, buscando el beneficio para el paciente. La charlatanería, a cargo de charlatanes y charlatanas que no dudan en meter “holístico”, “cuántico”, “fenomenológico”, “incertidumbre de Heisenberg”, “dualidad onda-corpúsculo”, “vibratorio” y todo aquello que se les venga a la cabeza en ese momento, descontextualizado y sin lógica alguna, no tiene nada que ver con lo primero. Se trata, únicamente, de sucesiones de palabras. La Física Cuántica, teoría precisa y cuyo formalismo matemático es complejo y basado en los Espacios de Hilbert, tiene un cierto rango de aplicación en ámbitos muy determinados, y estos jamás serán el mundo de lo conductual o de la mente humana. No mezclemos churras con merinas, que el resultado será, siempre, catastrófico.