Opinión
El botón nuclear como argumento
El mayor problema de Sánchez es que para imponer in extremis una mínima disciplina a sus socios de legislatura no tiene armamento convencional, solo el nuclear: la disolución de las Cortes. Si lo hiciera sería muy difícil que mejorara en unas nuevas elecciones, pero tal vez Podemos quedase al borde de la desaparición y es fácil que Junts fuera castigado por el electorado catalán, además de perder el último tren a la amnistía. Se trataría casi de un suicidio colectivo, amenaza que resulta poco creíble salvo cuando se cumple, momento en que ya no sirve de nada. En cierto modo su poder legislativo es el de un hombre-bomba, moviéndose por el escenario entre el jolgorio de una derecha crecida en expectativas y a la espera de que tire de la anilla de una vez. Lo que esté pasando por la cabeza de Sánchez es imposible de saber hasta para sus próximos. Ese es su poder, no pequeño pero dramático.
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