Artículos de broma

Usos buenos de la IA

Javier Cuervo

Javier Cuervo

No todo en la Inteligencia Artificial es amenaza. Los descubrimientos científicos y los adelantos técnicos no son malos en sí, depende de cómo se usen, nos solemos repetir en un catecismo tranquilizador para la mayoría y desculpabilizador para los beneficiarios.

La IA podría sustituir, y sería bueno, a Cuca Gamarra, secretaria general del Partido Popular, en las entrevistas en radio y TV. Heredera de la primera generación de robótica parlamentaria del PP, no importa cuál sea la pregunta, ella coloca la respuesta sin vaselina oratoria y la pronuncia entera para después repetirla en orden inverso —que no altera el producto— hasta terminar con la misma frase que empezó. Esa estrategia de discurso, que usa más el diafragma que el cerebro, la respiración que la inteligencia, reduce al dos el número de preguntas, a una la respuesta y a cero su riesgo de error. Gamarra lo pronuncia con dientes de morder, sin sentir el autodesprecio intelectual en el que incurre ni mostrar ningún respeto por el interlocutor y la audiencia. En el tiempo, el tamaño y el formato conveniente rebota los datos que le han almacenado como hace la IA.

También vendría bien la IA para quitarle la emoción enfadada a Patxi López, portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados, capaz de defender lo ventajoso de algo que era inconveniente solo 24 horas antes con tono de «a ver si te enteras» de la buena nueva. La IA podría decir lo mismo sin el fingimiento de esa firmeza reprobatoria sucesiva, sin solución de continuidad, de personaje adaptado a los tiempos de cambio uniformente acelerado que en menos de horas 24 muda (sólo es un ejemplo) de oponerse a amnistiar sus delitos a los independentistas catalanes a hacer de la necesidad virtud y de ella, santidad desde la que perorar contra los que llegan 24 horas tarde, como si tuvieran conciencia lenta o paso ideológico rezagado. La IA puede dar ese mensaje sin anatema de sotana de hierro, sin emoción áspera que aumente el estrés sobre el juicio que cada ciudadano se puede hacer de la política del gobierno.

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