Opinión | EDITORIAL

El Deportivo cierra el curso con muy buena nota

Los mejores momentos de la fiesta del ascenso en Riazor

Los mejores momentos de la fiesta del ascenso en Riazor / LOC

El Deportivo pone hoy punto y final a su temporada. Lo hace midiéndose al Castellón en esa final con la que la Federación Española de Fútbol pretende estirar un poco más la temporada de dos equipos que ya han conseguido su objetivo, que no era otro que volver a Segunda, la puerta de entrada al fútbol profesional. Tanto es así que lo de menos, a estas alturas, es quien se queda ese trofeo y los aficionados están, ahora mismo, más preocupados por los posibles fichajes y las salidas de jugadores.

Y como en todo cierre de curso, es necesario reflexionar para identificar los posibles errores cometidos y para poner de manifiesto las decisiones que sirvieron para que el objetivo último del ascenso se pudiera producir tras tres intentos fallidos. Tal vez, lo más evidente sea la decisión del equipo de mirar a la cantera. Son muchos los jugadores que han salido de Abegondo. Antaño, lo normal era que los que destacaban en las categorías inferiores terminaran buscando su futuro lejos de la ciudad coruñesa. Ahora, la presencia habitual de Yeremay, Mella, Villares o Barcia en las alineaciones es la demostración más palpable de que en este nuevo Dépor hay sitio para quien lo hace bien.

Savia joven y blanquiazul que, además, tiene una especial conexión con la grada, con esa afición que maravilla a todo el país y para la que se acaban los calificativos. Riazor ha marcado un récord de afluencia que lo sitúa en el ‘top ten’ de los estadios con más asistencia de media a nivel nacional. 23.379 espectadores promedio, contando sólo los partidos de campaña regular. Los otros nueve conjuntos que conforman este ranking son Real Madrid, Atlético, Betis, Athletic, Valencia, Barcelona, Sevilla, Real Sociedad y la UD Las Palmas. Todos ellos de Primera, dos categorías por encima de la del conjunto blanquiazul que, deja por detrás a otros once equipo de la Liga de Tebas.

Pero es que, además, los seguidores blanquiazules han conseguido que el equipo, en muchos de sus desplazamientos, jugara como si fuera local, dado que eran más en las gradas que los hinchas del conjunto propietario del campo. Muchos forman parte de eso que han dado en llamar la generación del barro, los que no han visto nunca a los coruñeses levantar un título o tratar de tú a tú a los grandes equipos, para los que, jugar en Riazor, suponía, prácticamente una derrota. Y, aún así, ahí están. Ellos son el mejor capital del equipo y por quienes, sus responsables, tendrían que desvivirse.

Otra de las características diferenciadoras frente a anteriores temporadas es la paciencia demostrada por la junta directiva con el entrenador. Imanol Idiakez fue consciente de que su puesto estuvo, al menos en dos ocasiones, en el aire. El preparador reconoce que, por ejemplo, antes del partido frente al Arenteiro, no sabía si hacer la maleta para pasar las vacaciones de Navidad en casa, o encargar ya la mudanza.

Sin embargo, al contrario de lo que aconteció en las otras tres temporadas, en esta, esa paciencia tuvo premio, el premio de que, al final, el entrador encontró su once, las lesiones respetaron a los jugadores y la suerte, siempre fundamental en el fútbol, se puso de cara.

También es preciso aprender de ese enfrentamiento que se produjo por el convenio para el uso del estadio de Riazor entre el club y el Ayuntamiento. Deportivo y Concello tienen que entenderse porque uno sin otro pierden buena parte de su sentido. Nadie ha llevado el nombre de la ciudad tan lejos como el equipo, del mismo modo que, desde el Concello, siempre se ha apoyado al club, y no solo con la cesión gratuita del estadio de Riazor. Por ello, es preciso que la guerra que se abrió entre ambos se cierre para siempre. Y más ahora que el Dépor se fija otro ilusionante objetivo: regresar a Primera.