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Europa: ¿nuevo pacto de centro?

La encuesta de Le Figaro a 23.800 personas en los 27 estados de la UE tenía un dato relevante. Un 57% de los europeos tienen confianza en la Comisión de Bruselas, mientras que solo el 44% la mantienen en sus gobiernos nacionales. Y así pasa incluso en los cuatro grandes países: Alemania, Francia, Italia y España. La razón es que ante las graves crisis de los últimos años —económica de 2008, pandemia, guerra de Ucrania, cambio climático— se cree que Europa es más apta para proteger a los ciudadanos que los viejos estados, por grandes que sean.

Es un dato relevante y, sin embargo, en la mayoría de los estados el resultado electoral estará más en función de la política nacional que de la europea. En España, la opción principal será entre los partidarios del Gobierno actual PSOE-Sumar y los que creen que la papeleta del PP de Feijóo será un eficaz voto de censura contra Sánchez. Habrá voto a Vox y a los nacionalistas, pero menos. Y los asuntos que ahora más se discuten —la amnistía y Begoña Gómez, la mujer del presidente— son muy hispánicos. Nada europeos.

Pero cuál de los dos partidos quede primero y su ventaja sobre el segundo serán relevantes en la política interna. La repercusión europea contará menos.

En Francia hay también una gran batalla interna, pero con consecuencias europeas más relevantes. Según casi todas las encuestas, el populismo de Marine Le Pen, muy contrario a la inmigración y con un pasado muy antieuropeo, puede sacar más de diez puntos de ventaja (31% a 18%) a la coalición centrista y liberal del presidente Macron. Sería un voto de censura a Macron —bastante más fuerte del que en la peor de las hipótesis podría sufrir Sánchez— y a favor de un partido que no forma parte ni de la laxa coalición que gobierna Bruselas ni del gran consenso europeo.

Curiosamente, el beneficio político de las últimas grandes protestas sociales y sindicales contra el aumento de la edad de jubilación de Macron no iría a la izquierda sino a la extrema derecha. Las consecuencias a corto podrían ser importantes y aumentaría la posibilidad de que en 2027 Marine Le Pen fuera presidenta de Francia. Se votará en clave francesa, pero —no como en España— los resultados pueden tener mucha influencia en el futuro de Europa.

En Alemania, está claro que la CDU que forma parte del PPE será la primera fuerza, pero la extrema derecha más extrema de Europa, Alternativa por Alemania (AfD), podría quedar en segundo lugar, por delante del SPD del canciller Scholz. Y que la AfD adelantara a los socialistas tendría consecuencias tanto internas como en Europa. Los dos motores tradicionales de Europa —Francia y Alemania— quedarían debilitados con una extrema derecha más potente en los dos países.

Habrá que hablar de Italia, pero allí la unión de la derecha del PPE (Berlusconi) con la Liga y el posfascismo de Giorgia Meloni ya viene de lejos. El cambio es que el partido dominante ya no es el socio del PPE —muerto Berlusconi, dirigido ahora por Antonio Tajani— sino Giorgia Meloni, que ha puesto mucha agua a su tradicional antieuropeísmo porque quiere contar en Bruselas para tener más fuerza en Roma.

Pero el tan temido giro a la derecha de la política europea no parece que vaya a ser demasiado fuerte. No sólo por la evolución de formaciones que fueron antieuropeas (Meloni, e incluso Le Pen), sino —más decisivo— porque según las encuestas no habrá en el Parlamento europeo una mayoría de recambio a la laxa coalición que gobierna Bruselas desde hace tiempo. Según el último sondeo que consulto, la actual coalición tendría unos 400 diputados de los 720 que formarán el próximo parlamento (183 del PPE, 140 de los socialdemócratas y 80 de los liberales). Mientras que un pacto del PPE con toda la extrema derecha no llegaría a los 350. Podría partir al PPE y tampoco bastaría.

Pero en Europa las fronteras son fluidas. Hasta no hace mucho, Viktor Orbán, el reaccionario húngaro, estaba en el PPE. Y Europa no podrá avanzar con Italia (o sea Meloni) en contra. Y la fuerte presencia de dos partidos tan enfrentados como el PP y el PSOE en los dos principales grupos europeos no será un plus para el centrismo de Bruselas. Habrá pues que leer con cuidado —y poca brocha gorda— los resultados europeos del próximo domingo.

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