Opinión | 360 grados

Brutal liberación

Al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, las vidas de los demás, ya sean los rehenes en poder de Hamás y todavía mucho menos la de los pobres palestinos, parecen traerle al pairo.

Ha vuelto a demostrarlo con la última acción de su Ejército, que resultó en la liberación de cuatro rehenes, la muerte de otros tres y la masacre de 274 palestinos, en su inmensa mayoría, mujeres, niños y ancianos.

A los que hay que añadir más de 400 heridos, que, si no mueren antes, quedarán de por vida lisiados o con sus miembros amputados. Mientras tanto, el número de palestinos muertos por los bombardeos israelíes en la operación de Gaza desde el pasado 7 de octubre se eleva ya a 37.000.

Resulta por lo menos obsceno el que en medios internacionales, y no sólo los de Israel, se haya calificado de “triunfo” la liberación de esos rehenes, teniendo en cuenta la magnitud de la matanza acompañante, pero parece que nos estamos acostumbrando a todo.

En muchas ciudades de Israel se celebró con bailes y cánticos lo sucedido aunque es de temer que esa nueva masacre dificulte aún más la liberación de los rehenes que siguen en poder de Hamás.

Será en efecto mucho más difícil negociar con ese grupo que Occidente califica de “terrorista” un nuevo intercambio de presos palestinos por rehenes como reclaman, hasta ahora sin éxito, los familiares de éstos.

En el anterior intercambio, que tuvo lugar el pasado noviembre y estuvo acompañado de varios días de tregua, Hamás puso en libertad a 105 judíos, civiles exclusivamente y mayormente mujeres, ancianos y niños.

Aunque dice buscar sólo la destrucción de Hamás, Netanyahu está ante todo interesado en mantenerse en el poder, pues si lo pierde, tendrá que comparecer ante los tribunales de su país por fuertes sospechas de corrupción política. De ahí que le interese prolongar su guerra genocida.

El presidente de EEUU, Joe Biden, mientras tanto trata de conseguir un alto el fuego permanente en Gaza que permita la liberación de los restantes rehenes mediante lo que presentó en un principio como una “propuesta israelí”, pero que es en realidad un plan concebido en Washington.

El plan, al que ha dado apoyo el Consejo de Seguridad de la ONU con la única abstención de Rusia y que habla de la reconstrucción de Gaza a cargo de la comunidad internacional, solo ha provocado el desprecio de Netanyahu, quien insiste una y otra vez en que la guerra sólo terminará con la “total destrucción de Hamás”.

Queda por ver qué ocurrirá ahora con el abandono por Benny Gantz, rival político de Netanyahu, del gabinete de guerra israelí en protesta por la negativa del primer ministro a explicar al país qué plan tiene éste para el futuro de Gaza una vez derrotada Hamás.