Opinión | Shikamoo, construir en positivo

Unión Europea: Y ahora... ¿qué?

Buenos días, queridos y queridas. Ha concluido el proceso electoral para proveer a la Unión de un nuevo Parlamento. Cada ciudadano y cada ciudadana que hemos querido —que no han sido precisamente muchos— nos hemos expresado, y fruto de tal voluntad ya hay un mandato firme para que 720 europarlamentarios y europarlamentarias nos representen a todos y a todas, procedentes de todos los países miembros de tal organización multilateral. En el caso de España serán 61 personas, 2 más que en las anteriores elecciones, después del aumento aprobado para este año 2024. Y ahora... ¿qué? Pues es mi intención hablar sobre ello en esta columna. O sea que no sean tímidos, pasen y... vean. Ya me dirán qué les parece...

Ya saben que en tal Parlamento las organizaciones políticas de las que proceden los diferentes diputados y diputadas electos quedan un poco desdibujadas, porque los mismos se integran en estructuras más o menos análogas, pero de nivel europeo. Así, cada una de las personas elegidas formará parte de alguno de esos grupos, con diferentes sensibilidades, pudiéndose establecer una correspondencia prácticamente biunívoca entre los mismos y las sensibilidades de las organizaciones políticas de cada país. Existe un grupo conservador (llamado Partido Popular Europeo), otro socialdemócrata (donde caben las diferentes familias socialistas) y lo mismo en otros registros ideológicos. Todos ellos tendrán que elegir a los propios órganos directivos del Parlamento, comenzando por su Presidencia, así como elegir por mayoría absoluta a quien ejerza la Presidencia de la Comisión y aprobar o rechazar la designación del Colegio de Comisarios. Sus funciones, junto con el Consejo, son la del control del poder ejecutivo (la Comisión), aglutinando el poder legislativo y el presupuestario. Lejos queda aquel Parlamento con mucho menor rango de atribuciones, en los albores de lo que hoy es la Unión. Y es que, al fin y al cabo, el Parlamento es la única institución europea que elegimos precisamente ciudadanos y ciudadanas según nuestras propias ideas. Es de ley que tenga mucho que decir en el dibujo de la presente y futura Unión, ¿no?

Pero todo ello... ¿para hacer qué? O, dicho de otra manera, ¿cuáles son los retos fundamentales a los que tendrá que dedicarse la Unión Europea y, particularmente, quien integre su Parlamento? Pues no son pocos, no, y todos complejos. Porque ya decíamos hace unos días que Europa —y, por tanto, los países pertenecientes a la Unión Europea— continúa en caída libre en cuanto a su peso relativo en un planeta que ya encara el segundo cuarto del siglo XXI. Ni por población, ni por sus recursos —en particular, por los energéticos—, ni por su posición geoestratégica ni por su dinamismo, Europa está en el candelero. Y seguramente mucho del trabajo que se haga desde sus instituciones tendrá que ver con una cierta reflexión estratégica, nunca finalizada, de cuál es el papel que le corresponde a la misma en el nuevo mundo. Pero aún hay más... y es que es también un momento de retos concretos, urgentes y sobre los que Europa debería progresar mucho en consensos.

En los relativos a su política exterior, por ejemplo, como el de la amenaza expansiva de la Rusia de Putin, en las mismas fronteras de la Unión, el papel de la entente europea en conflictos globales, como el de Oriente Próximo, o una toma de posición común —cada vez más complicada por el aumento del voto a organizaciones manifiestamente xenófobas— sobre temas cruciales, como el del acceso de personas inmigrantes a los países de la Unión. Si a esto sumamos la necesidad de una reflexión pausada pero resolutiva en cuanto a la defensa y la seguridad común, aquí hay mucho trabajo. Y muchos escollos, no tengan duda.

La propia sostenibilidad económica —y, por tanto, social— de Europa es también prioritaria, desde muchos puntos de vista, en un contexto cada vez más agresivo de las alternativas comerciales y económicas, con China a la cabeza pero sin olvidar a un aliado tradicional, Estados Unidos, que quizá pudiera querer volar más libre en un hipotético segundo mandato de Trump o alguna opción parecida. Este último país y Europa parecen estar en un momento de envite que se podría resumir con eso tan nuestro de “amiguiños si, pero a vaquiña polo que vale...”, mientras que en el caso de China el pulso ya se sitúa en un ambiente mucho más hostil y cercano a los intereses rusos. La agricultura y sus problemas muy específicos, tocada Ucrania y con grandes retos pendientes de solución, o una apuesta tecnológica en tiempos de extrema virtualización y de una nueva revolución de la mano de la inteligencia artificial se llevarán también gran parte de los esfuerzos para proyectar el futuro de la Unión. La propia lógica de gobierno futuro de la misma y la posibilidad de progresar en las atribuciones y competencias de tal alianza, con una buena parte de las delegaciones de los países o de sus gobiernos en manos de opciones más o menos eurofóbicas, también será complicado... Mucho.

En fin... La vida sigue y esperemos que la salud de la Unión Europea vaya a más... Mucha suerte y mucho trabajo a quien nos representará. Y aquí seguiremos expectantes el ritmo de este tema que nos apasiona, y en el que vemos ciertos nubarrones que no crean que nos dejan indiferentes. Porque una Europa fuerte, cohesionada y sana es fundamental para avanzar en calidad de vida y calidad democrática, también en nuestro país. Por muy lejos que a veces se perciba aquello que nos llega de Estrasburgo, de Luxemburgo o de Bruselas...