Opinión | Inventario de perplejidades

Sobre la canción francesa

Ha muerto a los 80 años la artista francesa Françoise Hardy, que le puso letra y música a las canciones de nuestra juventud. ¿ Quien no recuerda haber silbado en la ducha Tous le garçons et les filles? ¿O cualesquiera otras tan pegadizas de su repertorio? A los resistentes culturales de la Dictadura se nos caía la baba viendo y oyendo cantar en la televisión única y en blanco y negro a Françoise Hardy con la melena lacia y una discreta minifalda que favorecía su estilizada figura. Para los resistentes heroicos (es un decir) del franquismo, Francia y, sobre todo, las francesas eran un lejano objeto de deseo y el colmo de la modernez. El que esto firma es testigo del alboroto que causaba en la España provinciana (con Madrid a la cabeza) la llegada de una o de varias francesas jóvenes. Por razones que ignoro se había extendido entre la población masculina de Celtiberia la loca idea de que las nativas del vecino país eran unas viciosas sin freno y bastaba con que un “españolito de a pie” se dirigiese a ellas (normalmente por señas) para que rápidamente se accediese a sus lujuriosas pretensiones. Antes de que la cuadrilla de Alfredo Landa en calzoncillos descubriese el supuesto filón sexual de las mujeres del norte de Europa suecas, noruegas, danesas, finlandesas, etc, etc), las francesas eran la referencia erótica principal en cualquier comedia de las llamadas picantes. En plena expansión de la canción ligera italiana (Mina, Milva, Cinquetti...), la escuadra musical francesa mantuvo su posición con Françoise Hardy, Silvie Vartan, Edith Piaf y Juliette Gréco, la llamada musa del existencialismo siempre vestida de luto. Aquellas mujeres que imprimían sensualidad a sus canciones al tiempo que acentuaban el desgarro de las erres triunfaron sobre los escenarios europeos, de los que el Olimpia de París era la construcción catedralicia de la música alternativa. Pero el tiempo pasa y con el tiempo cambian las tareas y los cometidos de los que fueron famosos. Hardy ha llegado a la vejez luchando contra un cáncer que le ocupó nada menos que veinte años. En realidad ahora era mas conocida como una activista contra esa enfermedad y en defensa de la eutanasia y del derecho a una muerte digna. Tous les garçons et les filles.