Opinión

A Coruña quiere rentabilizar más los cruceros

Cruceristas en A Coruña.

Cruceristas en A Coruña. / Iago López

El puerto de A Coruña se ha convertido en el preferido de todo el norte peninsular para la escala de cruceros. Año tras año, el número de atraques bate récords. En 2023 fueron 130 los buques que amarraron en los muelles herculinos y casi 324.000 las personas que desembarcaron. Este año se esperan más de 150 barcos con 350.000 viajeros y para 2025 las previsiones apuntan a que se superen los 170 cruceros que dejarán en los muelles a 400.000 turistas.

Han pasado 40 años desde la visita del Queen Elizabeth 2. El impresionante trasatlántico atracó un 30 de abril de 1984 en aquella ciudad que no estaba acostumbrada como ahora al tráfico de cruceros, miles de personas se agolparon en el muelle del Centenario, inaugurado con este motivo, intentando ver lo más cerca posible el crucero. También se produjo un overbooking de autoridades para dar la bienvenida al barco. De la Corporación municipal al completo, con Francisco Vázquez a la cabeza, pasando por el delegado del Gobierno, por aquel entonces, Domingo García-Sabell, o el presidente de la Xunta, Xerardo Fernández Albor.

Aquella visita se puede tachar de anecdótica, la que marca el arranque de la lucha del puerto por convertirse en destino de los cruceros fue la del Camberra en 1991 y, con ella, la inauguración del muelle de Trasatlánticos. Ahora, 35 años después, la ciudad está a punto de alcanzar el nivel máximo de ocupación de sus muelles, fijado en los 180 buques. Estas cifras están muy lejos de las de Barcelona o Valencia, que pretenden limitar el atraque de grandes buques. En el caso de la Ciudad Condal hubo más de 3,5 millones de cruceristas el año pasado. En el caso de la segunda ciudad, la cifra ascendió a 786.000, casi el doble de los que se esperan en el mejor de los casos en 2025 en A Coruña.

Casi las únicas voces que se muestran contrarias a este tipo de tráficos son las de los ecologistas, que, en realidad, no muestran su preocupación por los visitantes, sino por el transporte que utilizan, que consideran muy contaminante, por lo que los rechazan de manera frontal. También están quienes consideran que la presencia de tantos miles de visitantes, a la larga, provoca presiones sobre los precios que, al final, también pagan los residentes.

De hecho, en la ciudad herculina no hay problema con los cruceros, si bien tampoco es que el retorno económico de estas visitas sea particularmente relevante y los expertos lo fijan entre los 30 y los 35 millones de euros. Además, no se reparte por toda la ciudad, ya que queda limitado a unas zonas muy concretas en las que el comercio y la hostelería son los grandes beneficiados. Esta última, según el presidente de los profesionales de la Marina, con la llegada de grandes escalas puede llegar a doblar o triplicar la caja de un día normal.

Sin embargo, esta situación podría cambiar si la ciudad consiguiera convertirse en cabecera de las rutas. En todas las escalas es normal que algunas personas suban a los buques e inicien desde la ciudad sus viajes, pero la repercusión en la ciudad de este tipo de turismo crecería mucho si A Coruña fuera punto de salida de los recorridos de los cruceros. Esto supondría que miles de personas llegarían un día antes, pasarían al menos una noche en la ciudad para, al día siguiente, embarcar e iniciar su viaje.

Los hoteleros consideran que la ciudad tiene capacidad para atender las necesidades que provocaría que algunos barcos partieran de la urbe herculina, ya que la ocupación media de los establecimientos está situada en torno al 70%. Eso sí, aclaran que en determinados momentos del año sería absolutamente imposible asumir la sobrecarga de demanda que supondría el embarque de 2.000 o 3.000 personas. Además, es fundamental que no se pierda de vista la posibilidad de que surjan las tensiones y problemas que han aflorado en otras ciudades españolas, afectando de manera grave a sus ciudadanos para, en caso de detectarlos, atajarlos lo antes posible.