Opinión

El plástico, ¿residuo no peligroso?

Dieciséis meses después de la entrada en vigor de la ley estatal de residuos y suelos contaminados, se observan algunas luces, pero también sombras. Se trata de una ley que transpone dos directivas europeas: la de residuos y la de plásticos de un solo uso.

Los objetivos fijados proponen una reducción de residuos basándose en las cifras de 2010: un 13% menos en 2025 y un 15% en 2030. En este aspecto, el país va bien. Según datos de Eurostat, recogidos en un informe elaborado por la Fundación BBVA, los residuos derivados de las actividades económicas y domésticas disminuyeron un 40% entre 2004 y 2020. Donde España suspende es en el reciclaje de los residuos, muy por debajo de la media europea. A pesar de esto, las actividades relacionadas con el reciclaje suponen un 2,3% del PIB y un 1,9% del empleo, por encima de las cifras de Alemania, que es uno de los países con tasas de reciclaje más elevadas. Poco reciclaje, pero más empleo, lo cual solo puede explicarse como otro ejemplo de la poca productividad española: requerir de más recursos productivos para obtener unos resultados menores.

Pero pongamos la atención en el plástico. Desde la aprobación de la ley, han aparecido paquetes de platos de plástico reutilizables hasta cinco veces (o eso pone en el envoltorio, también de plástico), y es inevitable preguntarse si lo único que ha cambiado en este producto es la impresión de la palabra “reutilizable” en el exterior. El envoltorio también apunta que son aptos para lavavajillas, pero no parece que las temperaturas altas ayuden a que los microplásticos se queden quietos. Mejor comprarlos de papel. A veces, sin ninguna lógica, muchas frutas y verduras continúan envasadas en plástico. Además, las tendencias actuales en alimentación parecen conspirar en contra: la lechuga lavada y precortada, la rúcula, los canónigos, y la fiebre por los arándanos, necesitan de un recipiente. También la sequía ha invitado a la proliferación del césped artificial.

Un material que ha sido imprescindible para el desarrollo de la sociedad moderna, tal y como la entendemos, y que continúa invadiendo nuestro día a día: en ordenadores, móviles, lentillas, gafas, coches, aviones, ropa, juguetes... También en supermercados y hospitales, que confían en él para una provisión segura tanto alimentaria como sanitaria. Un material con enormes beneficios a corto plazo, pero muy perjudicial a largo. Las consecuencias negativas todavía son imprevisibles para la salud humana y la de los mares, aunque se recicle y se reutilice. Un estudio ha confirmado que una persona puede llegar a respirar 22 millones de micro y nanoplásticos cada año, afectando el sistema endocrino que puede derivar en otras enfermedades como diabetes o infertilidad. Incluso los recién nacidos ya están expuestos a estos tóxicos. Y, aun así, continúa siendo un material clasificado como no peligroso. Por este motivo, están apareciendo peticiones para clasificarlo como material peligroso junto con los combustibles, los venenos o los materiales radioactivos. La diferencia entre estos materiales y el plástico es que un veneno puede matar en unas horas y con poca cantidad, mientras que el plástico necesita de tiempo y de mucha cantidad, pero las consecuencias también son severas. ¿Se imaginan la cara de una calavera al comprar un bote de champú?

La peor noticia es que no se vislumbra un sustituto que pueda comercializarse a un precio asequible en las próximas décadas. Por este motivo, las normativas aspiran a reducir solamente los plásticos de un solo uso. Escribo “solamente”, pero no es poco, y es lo posible en estos momentos. Las nuevas leyes en torno a la gestión de residuos serán cada vez más estrictas. Un ejemplo de ello es el anteproyecto de la ley catalana de residuos que propone eliminar las bolsas de plástico de los comercios —ni pagando unos céntimos— o las bebidas en envases de un solo uso en las administraciones públicas, o exigir un apartado de venta a granel en supermercados, entre otras medidas. Veremos si el nuevo gobierno la apoyará. En los programas electorales, solamente tres partidos no mencionaban la economía circular. Teniendo en cuenta cuáles son estos partidos, creo que podemos confiar en que esta ley, quizás un poco descafeinada, verá la luz.

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