Opinión | Shikamoo, construir en positivo

¿Pobre de mí?

Llámenme ustedes aburrido... No es la primera vez que alguien me lo dice, y no me importa. Háganlo si quieren, metidos como estamos en una espiral de banalización de casi todo y, además, de instauración de una nueva corriente de pensamiento único, líquido y posmoderno... Llámenme aburrido, sí, por discrepar y quizá por resultar un tanto marciano, pero no hoy, sino siempre. Por preguntarme, en el tema que hoy les propongo, hasta dónde llega el concepto de disfrute y dónde empieza la salida del tiesto... Por entender que las emociones cada vez más fuertes sólo llevan a la frustración, y que es en una cierta moderación donde está realmente la parte buena de casi todo, muy lejos del intervalo de saturación de la percepción de los sentidos... En fin, pasen ustedes si quieren y, luego, ya me contarán... Hoy, amigos y amigas, como paradigma de en qué no debería nunca convertirse un evento festivo... hablaremos de los Sanfermines... Y es que es un tema de actualidad, quedando poco ya para que Pamplona entera vuelva a entonar el “Pobre de mí”, despidiendo a la edición de este año de sus días más grandes, que habrá vuelto a cuadruplicar su población entre el 6 y el 15 de julio... ¿Qué les parece? ¿Irían ustedes a ese tipo de fiestas? ¿Las disfrutan? O, como en mi caso, visitarían y disfrutarían Pamplona mucho más en cualquier otra época del año...

Hablaremos de los Sanfermines y de todo lo negativo de su influjo, empezando por un indiscutible maltrato animal y terminando por el alto nivel de desfase presente casi per se en su propuesta, que implica verdaderas atrocidades desde el punto de vista del respeto a los demás. Y es que por muchas “pulseritas antiviolación” o “puntos de encuentro” que se pongan en marcha —que están fenomenal y son absolutamente indispensables en el contexto actual— yo propongo otro mecanismo paralelo en la idea de atajar el enorme grado de violencia —y, en particular, de violencia machista— que se palpa en dicha convocatoria... Y este no es otro que invitar a sus organizadores a que se hagan la pregunta: ¿a qué tipo de público está convocando hoy tal fiesta? ¿No se habrá convertido, de algún modo, en un verdadero reclamo del desfase, que ya ven a que extremos llega? Yo creo que sí. Quizá intentando responder con sinceridad a tal cuestión y viendo qué aporta y qué propone la fiesta, pueda avanzarse en respuestas a qué hacer y por qué.

No voy a ser yo quien no reconozca el enorme peso de la tradición en esa fiesta y en otras muchas de las que trufan nuestros pueblos, villas y ciudades... Pero... ¿Y qué? ¿Es la tradición, en sí, un valor por encima de la cordura o del respeto a los demás, o del que se ha de dispensar también a animales que sufren y son objeto de escarnio y mal trato? No necesariamente, y en muchos lugares la tradición no aguanta una mínima revisión con los ojos más abiertos de hoy en términos de tal respeto, por encima de todo y en el sentido más amplio de la palabra. Una tradición, por otra parte, que va siendo modelada con el tiempo y que, por lo que parece, no hace sino abundar en la problemática que arrastra, perpetuando ese nivel de violencia en un clima profundamente etílico, lo que tampoco aporta nada más que enfermedad, tumulto y problemas... ¿Vale la pena considerar cambios y restricciones, que quizá vaya contra la “gallina de los huevos de oro”, pero que aportarán sosiego y respeto, más allá de la locura colectiva?

Como ven, no hago mucho más que hilar preguntas, para que cada uno se las conteste a sí mismo, sin ánimo de pontificar sobre nada... Pero sí de cuestionar, de no dar nada por supuesto, de explorar las aristas y las costuras de lo que aceptamos como normal y de preguntarme si en aquello de Spain is diferent no será que aquí las cosas están un tanto pasadas de rosca... Soy, por otra parte, de los que cree profundamente en la diversidad, y si uno disfruta en el abarrote de múltiples fiestas gastronómicas, en la locura de las Fallas de Valencia o en la Feria Medieval de turno, a trompicones, empujones y agobios, pues ¡allá él y que lo disfrute! Creo que es bueno que haya de todo para a quien le guste cada cosa, por mucho que otros disfrutemos con algo más sencillo, tranquilo y cotidiano. Pero me parece que en el caso que hoy nos ocupa hay más... Creo que la violencia dimana de la propia esencia de la propuesta, etílica, bronca y maltratadora por definición. Y ahí sí que cabe la reflexión de qué cambios se necesitarían para quizá ir a menos, pero mejor...

En fin... Creo que no me nombrarán ciudadano distinguido de Pamplona, ni me honrarán pidiéndome que les haga el discurso inaugural de sus fiestas en honor a San Fermín de Amiens. Es igual. Me contentaré —casi mejor— con volver a ir, fuera del tiempo de barullo, y disfrutar de una comida en alguno de sus magníficos asadores donde el producto de huerta es único, contemplar los hermosos paisajes y disfrutar los caminos de sus alrededores y pasear por Estafeta sin agobios, sin miedo, sin personas atiborradas de alcohol y... mucho más tranquilo... Y es que, si viviese en Pamplona, en vez del “Pobre de mí” suspiraría de alivio cada quince de julio.

¡Gora San Fermín!