Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Un minuto

Se acabó la charlotada

No quiero ni saber qué opinarían en los demás países de nuestro entorno del montaje que Puigdemont protagonizó el jueves 8 de agosto. Personalmente sentí, en un principio, vergüenza por la rechifla que se habían ganado nuestros Cuerpos de Seguridad; pero conforme fuimos conociendo más detalles y valorando la preparación que tenía que haber detrás de tal montaje me fui serenando y acabé convenciéndome que era lo mejor que podía pasar.

¿Se imaginan qué habríamos hecho con un personaje así entre rejas? ¡Menudo lío! ¡Largas procesiones de partidarios a manifestarse ante la cárcel! Por eso pienso que hubo en altas instancias la decisión de dejarle que apareciese, que hablase confirmando su presencia, para huir a continuación, volviendo a su Waterloo alquilado, a donde pueden ir sus fieles a cargar pilas. Y aquí paz y después gloria. ¿Montaje de Mossos d’Esquadra y policías conchabados? ¿Consigna para adquirir y lucir miles de sombreros de paja que dificultaban una identificación? ¿Masas de seguidores apretujados a su alrededor que impedían cualquier acercamiento?

Bien pensado y ejecutado el paripé: una charlotada, aquellos espectáculos taurinos con toros de coña y enanos que hacían reír, para seguir, después de la función, como antes, sin detenciones, ni violencia ni derramamiento de sangre.

Tracking Pixel Contents