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Opinión

Harari y los profetas del apocalipsis

Quince minutos de lectura fueron suficientes. El último libro de uno de los gurús más seguidos de la actualidad, Yuval Noah Harari, da escaso margen a las alegrías. Todo lo contrario. En Nexus apunta a los inmensos peligros a los que nos enfrentamos como humanidad. Por resumir su tesis: quien controle las tecnologías de información dominará el planeta. Un control que, con la irrupción de la inteligencia artificial (IA), inicia una nueva y peligrosa etapa que nos acerca al apocalipsis que, desde el punto de vista de un ateo como Harari, resulta aún más descorazonador. Su cita inicial sobre la figura del aprendiz de brujo, creada por el escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe, es uno de sus hilos argumentales.

El guion del terror tiene variantes y derivadas múltiples para las próximas generaciones. Desde las consecuencias que tendrá el cambio climático en la evolución de la vida en la Tierra al riesgo de que la IA acabe controlando el mundo y elimine o transforme el ser humano en un cyborg o Teminator con múltiples apariencias. Para llegar a este tremendo día después, antes la democracia liberal que tanto nos ha costado alcanzar y defender, desaparecerá fruto de sus contradicciones y agotada por la burocracia para abrazarnos a regímenes populistas, autoritarios y dictatoriales de signos diversos, para quienes la conservación eterna del poder será su único objetivo. El primer paso es acabar con la independencia de la justicia; el segundo, minimizar el poder parlamentario y legislativo. Pueden realizarlo tanto los mal llamados progresistas de la neoizquierda como los trumpistas de primera y última hora. El barón de Montesquieu enterrado definitivamente; 1984, de George Orwell, revisitado.

Por si fuera poco, la actualidad diaria nos recuerda cada día el recrudecer de la violencia en distintas partes del globo. A la invasión rusa de Ucrania se le ha unido la guerra en Oriente Próximo y el temor a que Irán e Israel fragüen una guerra de gran calado. Que esta pueda ser el prólogo de una Tercera Guerra Mundial ya es el vaticinio preferido de los agoreros del desastre absoluto. A estas horas, resulta impredecible cómo escalará la contienda. A nadie, empezando por China, los países árabes, la Unión Europea y Estados Unidos, les interesa más inestabilidad. La buena marcha de la economía mundial, amparada por el escenario de bajada de tipos y la oleada de inversiones en busca de mayores rentabilidades, no debe ser entorpecida.

Dejé de leer a Harari y reinicié la lectura del precioso libro de Gerald Durell Mi familia y otros animales. Prefiero pensar que algún año podré visitar la isla griega de Corfú y reforzar mi teoría de, tal como ocurrió en el pasado, los buenos presagios se impondrán a los malos.

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