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Opinión | Televisión y más

¿Cómo será la tele del futuro?

A menudo conviene explicar la génesis de las cosas más sencillas para entender cómo funciona este gran invento llamado televisión, venerado por el poder porque atesora una tremenda influencia en la opinión de la población.

Es algo aceptado y que conocemos de sobra: a través del poder y de la penetración del medio, se puede generar opinión, remover conciencias e incluso manipular diferentes maneras de pensar. Existen quienes aseguran que la televisión es un medio que tiene fecha de caducidad y que desaparecerá en cuatro días. Igual no son cuatro, sino algunos o bastantes más.

Aunque sea de perogrullo, desde siempre la televisión ha estado compuesta por dos grandes industrias: una que produce contenidos, integrada tanto por gobiernos y organismos públicos —que tienen casi todos los países del mundo— como por empresas y productoras privadas. La segunda industria es la que permite que veamos estas producciones, que son las empresas que fabrican televisores.

La velocidad y el futuro de ambas es actualmente disparatado e impensable. Las soluciones técnicas que aplican ambas industrias permiten no solo que un gobierno o una productora puedan emitir, sino que cualquier persona individual, desde su propia casa, produzca contenidos, y aunque siga siendo televisión porque está compuesta por imagen y sonido, se denomina streaming.

En la otra parte de la balanza —para poder mirar y escuchar el streaming— a la industria de los televisores le está comiendo la oreja la de los fabricantes de dispositivos móviles para observar estos contenidos. ¿Alguien tiene la certeza absoluta sobre cómo acabaremos viendo, en directo o grabados, contenidos externos generados en cualquier parte del mundo? De las escasas certezas que tenemos se resume en que cada día todo, y todo es todo, será más rápido. La actual velocidad de transmisión y recepción de contenidos será una broma cuando establezcamos la diferencia entre la de hoy y la del año 2030, del que esperamos que venga con agenda.

Todo el resto son preguntas de difícil respuesta, pues pese al poder actual de la industria de los operadores móviles ¿serán sustituidos por chips que llevaremos incrustados en, por ejemplo, el dedo meñique de una mano? ¿Los contenidos los podremos ver dibujando en el aire una hipotética pantalla? ¿Quién lo asegura? La televisión: ese gran invento.

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